
El reverso de la moneda
En la actualidad, la tecnología avanza a pasos agigantados, ya no es cuestión de esferas sociales, todos quieren o queremos estar a la vanguardia y algunos, al menos, esperamos no estar tan desconectados de estas cuestiones, y es que hasta hace poco tiempo a quienes no sabían leer y escribir se les nombraba analfabetas, pero ahora quienes no tienen conocimiento del manejo de la tecnología también lo son o ¿somos?
Esto no ha sido fácil, a muchas personas de mi generación (no hablaremos de edades, sólo ya se sentirán identificados), nos tocó sorprendernos porque nos era incomprensible que llegara o se enviara una copia por teléfono (fax), también tuvimos que aprender a manejar una computadora casi de la noche a la mañana y un día, presumimos que ya sabíamos jugar solitario y todos esos juegos que tenían las computadoras.
Al paso del tiempo, y con la llegada del Internet, comenzamos a hacer nuestros pininos escribiendo mails, haciendo de lado casi en su totalidad el envío de cartas. Ah ¡qué tiempos aquellos!, cuando esperábamos la carta del novio o la novia, llegaba el cartero y corríamos algunos a ver si había algo para nosotros; pues hasta eso se nos olvidó, dicen por ahí que hemos llegado a tal grado que ya no conocemos la letra de nuestros amigos y familiares, hoy todos escriben en Arial 12.
Por otro lado, también hubo avances en la telefonía, desde esos llamados “ladrillotes” que no me dejarán mentir, qué buena recepción tenían, hasta esos teléfonos que ahora tienen tantas funciones, que la verdad a algunos nos parece una exageración, aunque siendo sinceros es porque no alcanzamos la velocidad de aprendizaje y casi todos los que rebasamos los 40 (ya lo dije), sentimos que los traemos subutilizados, porque terminamos mensajeando, haciendo llamadas y los que más han avanzando ya whatsappean.
Pero todos estos cambios que nos parecen formidables, también han traído nuevas maneras de comunicación, o más bien, distorsiones en la comunicación. Si bien es cierto que ahora a través de las redes sociales e Internet podemos estar más cerca de quienes, incluso, hacía muchos años no veíamos; también existen nuevas formas de rompimientos y problemas por hacer de esos espacios verdaderos escenarios públicos de nuestra vida privada, porque nos podemos enterar los “amigos” de los conflictos entre novios, sabemos cuándo se va a casar alguien que ni conocemos, porque es el amigo del amigo y somos capaces de darle un “like” desde a un “feliz cumple”, un pésame a quién sabe quién, hasta apoyar un “les deceo que ésta nabidad la pasen, hay pero super bien”… de otro amigo del amigo que se coló en tu muro y que además de enviar miles de invitaciones a jugar cosas que tal vez ni te interesan o no juegas porque no sabes, tiene la osadía de escribir cualquier cantidad de mensajes de reflexión, con igual cantidad de faltas de ortografía, mismos que a veces cuesta trabajo entender, porque no sabemos qué quiso decir realmente, ¿te ha pasado?
Si le diste “like”, seguramente también en estos mensajes, el sentido real de ellos tú mismo lo has modificado, ya sea en tu muro, en el Twitter o en el cel, ocasionando a veces discusiones entre tú y quien lo envió, porque muchas cosas importantes cometemos el error de enviarlas por mensaje.
Por eso, queridos amigos lectores, les invito a reflexionar antes de escribir un mensaje, léanlo antes de darle “enviar” o “subir”, ya que la intención puede ser modificada y con ello cambiar totalmente el sentido de lo que queremos decir y, por favor, si somos parte de las generaciones de la tecnología y no por edad, sino por usos y costumbres, cuidemos la ortografía y transmitamos esto a los jóvenes, de ser posible no a través de “mensaje”.
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