
Patrulla se pasa el alto e impacta camioneta con mujer de la tercera edad
La dirigente nacional del PRD, Alejandra Barrales, de plano no sabe qué hacer en el Estado de México. Luego de que le descarrilaron la alianza con el PAN, se quedó sin plan B.
Lo desconcertante del asunto es que a veces parece querer hacerle el trabajo sucio a Juan Zepeda, el precandidato que más gasta en este proceso interno, y otras hace sentir que no lo quiere, incluso que lo detesta por las acusaciones que le hacen de dispendio e incluso de corrupción que pesan en su contra.
Alejandra Barrales está obligada a asumir su papel de líder, y dar un golpe de autoridad en este proceso interno. Toda la clase política y diversos sectores de la sociedad mexiquense, saben del desprestigio en que se encuentra la oposición, toda. Pero del PRD los blancos de las críticas son Héctor Bautista, con su ADN y sus aliados, Juan Zepeda y Omar Ortega, este último, dirigente formal del PRD en el estado.
Muy pocos explican por qué la batalla tan dura por la candidatura en el Edomex. El PRD con su actual 12 por ciento de la preferencia electoral en teoría, tiene muy pocas posibilidades de ganar el Ejecutivo mexiquense.
Sin embargo, esa tan ambicionada candidatura es el paso normal y a la vez obligado para mantener el control del partido en la entidad.
Y eso da prerrogativas, privilegios y acuerdos populares con el gobierno en turno. Eso parece ser el meollo del asunto, al menos para ADN.
Por eso Alejandra Barrales no sabe qué hacer. Parece que no tiene la fuerza o que le debe muchos favores a Héctor Bautista y por eso invita a declinar a Javier Salinas y Eduardo Neri. De los otros dos aspirantes ni se ocupa y, quizás si le preguntan sus nombres ni se acuerde de ellos.
Ahora el CEN quiere buscar un candidato de unidad, pero parece demasiado tarde. Su mejor opción es que vayan a las urnas el 5 de marzo y que después trate de limpiar la casa y lavar el lodazal en el que se encuentra, y hacer un papel digno en el proceso electoral de junio próximo.