
La Política Mexiquense
Éxodo 22:21: «Al extranjero no lo vejarás ni lo oprimirás…»
Desde los albores de la existencia, la migración se erige como un imperativo biológico, un impulso que compartimos con el reino animal. Los ñus, en su odisea a través del Serengueti, en busca de agua y mejores pastos; las aves migratorias, ballenas y tortugas, en su viaje hacia climas mas cálidos, nos recuerdan que la búsqueda de mejores condiciones de vida es un instinto arraigado, una fuerza primordial, inscrita en el ADN. Migrar es vivir y perpetuar la especie.
Sin embargo, la migración humana trasciende la mera supervivencia. Se entrelaza con factores socioeconómicos, políticos y culturales, configurando un fenómeno de complejidad multidimensional, presente en la geografía global.
La migración interna.
Se refiere a los desplazamientos de personas, dentro de las fronteras de un mismo país, en búsqueda de mejores condiciones. En Mexico, la transición a la industrialización desencadenó un éxodo masivo del campo a las ciudades, transformando los centros urbanos en crisoles de culturas diversas, y conformando una nueva sociedad. Aunque este flujo migratorio, también generó desafíos, como la sobrepoblación, la contaminación y la saturación de los servicios públicos.
En tiempos recientes, el desplazamiento forzado, producto de la violencia, ha obligado a familias enteras a abandonar sus hogares en busca de seguridad. Esta migración interna ha moldeado la geografía humana del país.
Mexico y la migración internacional.
México, a lo largo de su historia, ha abierto sus puertas a migrantes de diversas procedencias: españoles, buscando “hacer las Américas” y, más tarde, huyendo de la guerra civil y la dictadura, como los “Niños de Morelia»; trabajadores chinos, constructores del ferrocarril en el norte; hermanos centro y sudamericanos, escapando de las dictaduras y los conflictos armados; árabes libaneses, cuyo legado enriquece nuestra nación, y muchos más. Todos ellos, parte de nuestra historia.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la mano de obra mexicana, apuntalo el sistema productivo del vecino país del norte, reforzando la maquinaria de guerra para hacer frente a sus anhelos bélicos contra el Eje. Este fenómeno, que dio origen a los llamado braceros, sería el preludio de una dinámica que persiste hasta nuestros días.
Emulando la travesía de la mariposa monarca, millones de mexicanos han viajado a Estados Unidos y Canadá, recorriendo miles de kilómetros, donde encuentran lo que su tierra natal les niega: seguridad, trabajo y un futuro promisorio. La diáspora mexicana asciende a 38.8 millones de almas, que sostienen la economía nacional con remesas, en 2024, alcanzaron los 66,500 millones de dólares. Ellos nunca han olvidado su origen; sin estos recursos que envían, la realidad de nuestro país simplemente seria otra.
Además, México se ha convertido en un corredor migratorio, donde miles de personas, provenientes de otras latitudes, atraviesan «El México Bárbaro», descrito por John Kenneth Turner en 1909, como: “…donde ni la Constitución ni las leyes se cumplen”. Al parecer esto no ha cambiado desde entonces. Aunque la primera intención de ellos es llegar a Estados Unidos, en muchas ocasiones estos migrantes, se quedan en nuestro territorio, adoptando México como su hogar.
La tragedia, esperanza y desesperación.
La Bestia, el tren de carga conocido también como el tren de la muerte, es el medio que utilizan los migrantes para llegar a la frontera norte. Entre el peligro, el miedo y la desesperación, este gigante de acero, carga sobre su lomo, sueños rotos y esperanzas desgarradas. Simboliza tanto la esperanza, como la muerte.
Como en toda historia surgen personajes: Los valientes migrantes son los personajes principales. Los héroes, en esta ocasión, los interpretan “Las Patronas”, un grupo de mujeres, ángeles custodios, que brindan agua, alimento y cobijo a las personas que, aferradas sobre “La bestia” buscan un mejor futuro.
La bestia, que ha matado y lisiado a muchos, no es el único villano. Hay uno más malévolo y más sanguinario: los grupos del crimen organizado que, con su sed insaciable de dinero, lucran con los sueños y la necesidad de nuestros hermanos. Ellos trafican personas como mercancías; el secuestro y la extorsión son su maldito negocio, que operan con impunidad.
Esta es la tragedia que se despliega en México. El Estado, impotente ante la magnitud del desafío, incumple su deber de garantizar la seguridad y los derechos de los migrantes, derechos consagrados en la Constitución y los tratados internacionales. La impunidad y la corrupción, como buitres carroñeros, agravan la situación.
Un llamado a la acción.
La solidaridad y la empatía son cruciales para construir una sociedad más justa y humana, donde la migración sea una opción, no una necesidad desesperada. En un examen de conciencia, y ante la inacción de las autoridades, que han sido superadas, debemos de visibilizar este fenómeno, comprender y apoyar a los migrantes.
No basta con darles una moneda, un vaso de agua o comida. Exige a tus representantes en los congresos que legislen para proteger sus derechos, pide a tus gobiernos que atiendan la migración de forma integral, que se haga valer la ley, que las acciones no sean temporales y paliativas, que no se permita el abuso hacia estos seres humanos, que se apoye a las organizaciones de la sociedad civil que coadyuvan a atender a los migrantes y, sobre todo, que nunca se mancille su dignidad.
Cuando veas en la calle a los hermanos migrantes, deséales de corazón que tengan un buen camino. Al fin y al cabo, lo que ellos buscan es lo mismo que nosotros: vivir mejor, ser felices y perpetuar la especie humana.
MUJER QUE MIGRA (fragmento)
Estoy cansada, muy cansada
de caminar en un desierto poblado sin gota de agua,
de estar vacía de un mundo lleno de cosas,
de coser para que luego todo se rasgue,
de cargar piedras sin ningún sentido.
Yo ya no quiero caminar, ni estar, ni coser,
mucho menos cargar penas;
sólo quiero llegar al the american dream
vaciar mis sueños a ese otro lado del río.
Ir hacia ese gran sueño,
no importa si es un espejismo…
Fabiola Morales Gasca.