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Ahora sí, a cumplir tus propósitos de Año Nuevo
¿Estás listo para escribir tus propósitos de año nuevo o eres de las personas que, como nunca los cumple, mejor no se preocupa por pensar en ello? Hoy quiero compartirte una forma asertiva de concebir esos propósitos para que, quizás, por primera vez, logres alcanzarlos.
Por principio de cuentas, es importante aclarar que los propósitos de Año Nuevo deben ser concebidos desde nuestra realidad, pensando en obtener algún beneficio que mejore alguna o algunas áreas de nuestra vida, ya que regularmente cuando se piensa en esos propósitos más bien se parecen a los deseos que le pediríamos al genio de la lámpara de Aladino, porque son cosas que de manera cotidiana no somos capaces de alcanzar y esperamos que por llamarse “propósitos de Año Nuevo” vendrán acompañados de una energía mágica que hará que esta vez sí se cumplan, por lo tanto no es lo que pido lo que me falla, sino la energía que requiero para lograrlo. Esa energía se logra a través de un estímulo y es justamente lo que hoy aprenderemos a descubrir.
Cuando se están elaborando los propósitos de Año Nuevo, no sólo es necesario manifestar esa intención de hacer o dejar de hacer algo, es fundamental que tengas bien claro para qué te va a servir lograr cada uno.
Una vez que tienes lo anterior, revisa cómo está conformado tu proyecto de vida. Para ello es importante saber que el proyecto de vida de cada persona debe estar atendido durante toda la vida, dado que en cada etapa las necesidades y deseos son diferentes, porque las circunstancias de cada persona se van transformando al paso del tiempo, las cosas que te hacían feliz o sentir pleno a los 15 años no son las mismas que por ejemplo a los 30 o 40 años.
Además, el proyecto de vida no sólo está conformado por una familia, una casa, un carro y una mascota. El proyecto de vida es mucho más que eso, es todas las áreas con las que está construida nuestra vida, como son los eventos profesionales, laborales, académicos, las relaciones interpersonales de toda índole como son pareja, familia, amigos, jefes y compañeros de trabajo, etc. Una vez que tienes identificadas estas áreas, deberás revisar cómo se encuentra cada una y qué es lo que les hace falta para que funcionen bien.
Al término de esta reflexión, seguramente hallarás situaciones de las que no te habías percatado que requieren de atención y que quizás son el origen de las cosas que no has logrado, por ejemplo, quieres mejorar la comunicación con tus hijos pero todos los días, incluyendo los fines de semana, invariablemente, tienes algo más importante que pasar un rato con ellos.
O añoras los días en que disfrutabas de tus amigos, pero quien siempre tiene una excusa para no asistir a las reuniones eres tú, porque no tienes tiempo y ahora que te han dejado de invitar es cuando te percatas de su ausencia, o esta otra, deseas un mejor empleo, pero te ha parecido más cómodo quedarte en donde estás porque los cambios implican un esfuerzo extra que se traduce en tener menos tiempo libre, y así nos podríamos quedar hojas y hojas repasando la vida.
Estimados lectores, que nuestro único y gran propósito de año nuevo sea la reflexión constante sobre las mejoras que hacemos a nuestro proyecto de vida y no ideas concebidas en un fugaz momento producto de la euforia de los festejos de esta época.
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