
El reverso de la moneda
No es agradable tener que lidiar o soportar a un niño malcriado, mucho menos cuando este niño no pertenece a nuestra familia. Niños que los ves y sin motivo aparente te sacan la lengua o no saludan, y algunos otros, que cada vez que no obtienen lo que quieren comienzan a sufrir un proceso de transformación que a veces me recuerda la película de El Exorcista, el niño o niña que no ha logrado lo que desea por una vía pacífica, van aumentando el grado de frustración a través de gritos, llanto y pataletas, y con extraordinarias rabietas hacen saber, a veces no sólo a sus padres, sino a todo aquel que pueda observarlos, que no están de acuerdo con no haber obtenido aquello que regularmente no necesitan, pero que sus padres o cuidadores, con tal de que “el pequeño no se enoje”, los han acostumbrado a darles cuanta cosa piden o más bien exigen, pero no les extrañe que al paso del tiempo estos niños crean que nada se les puede ser negado.
Pero comencemos por definir qué es “malcriado”. El diccionario dice que se refiere a falto de buena educación, descortés, incivil. Así pues, cada “niño malcriado” tiene su origen en una familia que suele ser “malcriadora”, o sea que está criando o educando mal.
Si bien es cierto que cada estilo de crianza es sagrado e intocable, también lo es que estos niños, alguna vez tendrán que interactuar fuera de su casa, por tanto, es importante que los padres tomen en cuenta algunos puntos para lograr de sus hijos personas funcionales y felices dentro de la sociedad.
Desde la teoría sistémica, que en lo personal me parece la más adecuada para describir a la familia, sus integrantes, así como la función que cumplen cada uno de ellos, la familia debe ser comprendida como un todo, es decir; ninguno de sus miembros actúa de manera aislada, todos los actos de cada uno de los que la integran repercute en su totalidad, o bien, es el resultado y/o consecuencia de lo que se ha gestado dentro de ella, ya que como cualquier otro sistema, empresarial, escolar, etc, las familias se rigen, funcionan y evolucionan de manera constante, y a su vez van insertándose en otros sistemas; escuela, trabajo, lugares de recreo y todos los contextos en los que interactúan.
Por otro lado, hay que considerar que dentro del sistema familiar existen otros subsistemas que sus miembros deben tener bien identificados, así como el rol de cada uno, me refiero al subsistema parental, en éste sólo se encuentran los padres o cuidadores, ahí ellos deciden las reglas y marcan los límites, fomentan valores y ubican a los hijos en el aprendizaje del respeto hacia las primeras figuras de autoridad. Aquí también los padres vigilan que esto se cumpla, cuidando que ninguno de los otros integrantes del sistema familiar pretenda tomar las riendas. Su línea siempre va de los padres hacia los hijos.
El otro subsistema es el conyugal, es en éste donde se contemplan todos los aspectos concernientes a los padres como pareja, es decir; son todos los elementos que tienen que ver con respeto y manera de conducirse dentro y fuera del sistema familiar, va íntimamente ligado con el subsistema parental, ya que a partir de éste se determina el valor, importancia y nivel de respeto hacia sí mismo, hacia el otro como persona y como pareja.
El último subsistema que quiero mencionar es el fraternal, este subsistema está conformado por los hijos, en él se llevan a cabo los primeros aprendizajes y experiencias de interacción con los otros y con sus iguales. Éste, es un escenario perfecto para que los padres comiencen a observar cómo es que sus hijos se van a desenvolver con el resto del mundo.
De este modo, si el sistema familiar no está organizado conforme a lo que acabamos de conocer, así como cada uno de sus miembros tiene claridad en el o los roles que juega dentro del mismo, no sólo se construirán niños malcriados, sino que se estarán gestando familias, padres y hermanos malcriados.
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