Luego de que  los diputados federales y senadores de la República aprobaron la reelección de los mismos,  ahora ya pueden dormir tranquilos, estaban preocupados porque no contaban con la herramienta legal que les permitiera profesionalizar su actuar en los congresos. Sin embargo, se les olvido una cosa, dotar de las herramientas necesarias a los ciudadanos para llevar a cabo una evaluación real y objetiva de las tareas que desempeñan como legisladores. Y así tomar de manera consciente la decisión de reelegir a un diputado o senador.

Es injusto que  los legisladores se enquisten en sus puestos cuando está demostrado que en su mayoría los congresos funcionan casi por inercia, para eso están los asesores y los expertos en la materia o como en el caso del Estado de México en donde solo se legislan las iniciativas que determina el Gobierno del Estado de México y el diputado más experimentado se llama Javier Domínguez, Secretario de Asuntos Parlamentarios del Congreso.

Legitimarse a través de la reelección no era necesario, la mayoría de los partidos cuenta con fósiles en la cámaras de diputados, solo es necesario echarle una mirada al PT en donde Oscar González lleva más de 18 años sin bajarse el poder; en Movimiento Ciudadano se encuentra Ignacio Samperio diputado local y federal alternadamente desde hace más de 12 años; en el PANAL apenas inicia su carrera Lucila Garfias pero no suelta las diputaciones ni el partido; en el PVEM Alejandro Agundis; en el PRD los hermanos Bautista, la familia Salinas y los recién morenistas, hermanos Martínez, Higinio y Alberto; pero en el PRI también los hay, los Manzur, los Rangel, los Sámano, Elda Gómez Lugo y hasta Aarón Urbina, líder del Congreso. En fin la  lista puede ser interminable.

A final de cuentas los políticos siempre hacer lo que quieren, no era necesario contar con un ordenamiento legal que facilitará, lo que en los hechos ya aplican diputados, senadores y hasta presidentes municipales de todas las expresiones políticas.

Muchos de ellos han pasado sin pena ni gloria por las cámaras de diputados, no saben lo que significa legislar, solo levantan la mano. Lejos están de analizar el impacto de las mejores  iniciativas para los ciudadanos, discutir o debatir no es su fuerte; incluso a quienes lo hacen son tachados de revoltosos, les forman una mala imagen; esa es la realidad de quienes necesitan profesionalizarse.

Es una pena que la mejor herramienta de la población, que es el voto, se haya pervertido de tal manera que lejos de ser herramienta de calificación para un puesto de elección popular sea una moneda de cambio para obtener una despensa o un poco de dinero que a final de cuentas no resuelve la vida.

Por otro lado, ampliar  el periodo constitucional de un presidente municipal solo es ayudarle para cobrar bien por un año más, eso no resuelve los problemas de los ciudadanos. Si la necesidad es continuidad deben obligarlos por ley a seguir aplicando los programas en los ayuntamientos, no importa si son de obra o administrativos; es más solo es cuestión de sentido común saber lo que funciona mejor.

Además, muchos de ellos llegan sin la más mínima idea de gobernar ni política ni administrativamente, hasta los que presumen de estar más preparados llegando al poder no saben qué hacer, por ello, sería mejor que los obligarán a tomar cursos de administración y negociación política tomando como referencia que la prioridad es cuidar el interés de La Mayoría Silenciosa, es decir el ciudadano.