Abuelos: los que todavía trabajan, cuidan y pagan
Hay abuelos que nunca se jubilan
Se jubilan del trabajo, dejan de tener hijos pequeños en casa y, en teoría, llega el momento de descansar después de toda una vida de responsabilidades. Pero entonces aparecen los nietos, los hijos que necesitan ayuda, las compras del supermercado, las vueltas a la escuela y una lista interminable de pendientes que, sin darse cuenta, vuelven a ponerlos en el papel de papás.
El abuelo que vuelve a madrugar
Son los que se levantan temprano para preparar el desayuno, hacen de comer, barren la casa, lavan los trastes, tienden la ropa y dejan lista la casa e incluso son los que muchas veces despiertan al nieto, le preparan el lunch, revisan que lleve la tarea y lo llevan a la escuela, aunque en teoría esa responsabilidad ya debería corresponder a sus padres.
Y cuando termina la jornada escolar, ahí están otra vez. Van por ellos, los llevan a casa, les sirven de comer, los ayudan con la tarea y esperan a que sus hijos regresen del trabajo. Al día siguiente, la historia vuelve a comenzar, como si ser abuelo viniera acompañado de una segunda jornada de crianza.
También pagan la cuenta
Hay otros que además ponen dinero. Compran los útiles escolares, el uniforme, los zapatos, la mochila o aquello que haga falta cuando llega el regreso a clases. Algunos aportan para la comida, prestan su casa, pagan el transporte o cualquier emergencia familiar, mientras otros incluso siguen trabajando porque su pensión o sus ingresos ya no alcanzan para todo lo que la familia necesita.
Y quizá ahí está una de las escenas más comunes: el abuelo diciendo “yo te ayudo”, sacando dinero de su bolsillo y resolviendo nuevamente un problema que, en teoría, ya no tendría que ser suyo.

De cuidar a los nietos a criar otra vez
También están los abuelos que se convierten prácticamente en los cuidadores principales. Llevan al nieto al médico, van a las juntas escolares, compran medicamentos, preparan la comida, supervisan tareas, ponen límites, escuchan problemas y hasta conocen perfectamente los horarios de cada actividad.
En muchos hogares son quienes saben qué maestro tiene el niño, qué día tiene educación física, qué cuaderno debe llevar y hasta qué compañero le cae bien o mal. Saben la vida de sus nietos porque están presentes todos los días, no solamente en las reuniones familiares.
¿Y quién cuida al que siempre cuida?
Este 28 de agosto habría que voltear también hacia ellos. Hacia la abuela que después de criar a sus hijos vuelve a criar nietos; hacia el abuelo que después de una vida de trabajo sigue buscando ingresos para ayudar en casa; hacia quienes pasan más tiempo en la escuela que en su propia casa porque son ellos quienes llevan y recogen a los pequeños.
Porque muchas veces la familia se acostumbra tanto a que “el abuelo siempre está”, que termina olvidando que ese abuelo también se cansa, también necesita descansar y también tiene derecho a disfrutar su tiempo.
Los nietos necesitan abuelos que los consientan, les cuenten historias, los lleven por un helado y estén presentes en sus vidas. No necesariamente abuelos que tengan que convertirse otra vez en papás, choferes, cocineros, cuidadores, maestros y proveedores.
El mejor regalo no siempre cabe en una caja
Quizá este Día del Abuelo el mejor regalo no sea una taza con su nombre, un ramo de flores o una publicación llena de corazones. Quizá sea algo mucho más sencillo: quitarles una responsabilidad que ya no les corresponde.











