Ando en busca de mi licencia de pipero. Don Andrés Manuel ha abierto la campaña contra el desempleo volantero y yo le quiero entrar.

Ya me vi entre una mezcla de Lola La Trailera y Nico, el ex chofer del tabasqueño, cruzando el sureste mexicano para llegar al centro del país y que todos me reciban con vítores, porras, banderitas, confeti y un grupo de ciclistas (todos con bicla Huizi), me escolten hacia la gasolinera mas popular de la ciudad.

Yo, entero. Pelo húmedo. Tatuaje de Bob Esponja en el brazo. Camiseta Rimbros pulcramente blanca y mirada de águila, saludo con la mano izquierda y me alisto a descargar el contenido que todos esperan.

Fotos, videos. La gente se acerca a mi. Quieren mi cel. Les urge que sea su cuate.
“Gracias. Claro. En un momento te lo doy”, alcanzo a decir, cuando me bajo de mi pipa.

La pipa lleva mi nombre y una leyenda: “Aquí le doy gas a tu vida”.
Sí, me urge mi licencia.

Estoy dispuesto a viajar día y noche. A dormir en gasolineras, a comer al pie de la carretera.
¿Dónde se forma uno?
¿Ahí le dan manguera o hay que llevarla?
¿Quién me hace la prueba de manejo?
Las pipas son lo de hoy.
Ya voy por mi licencia.