DAME MÁS GASOLINA

El viernes por la mañana, su despachador recién estrenado entrevistaba a uno de los integrantes de la Asociación de Distribuidores de Combustibles en el Estado de México.

Se cumplían ya casi 12 horas de escasez de gasolina en el valle de Toluca. El personaje a entrevistar, con voz de que sí da litros de a litro, me decía que la méndiga gasolina no había llegado a la zona, y por eso la falta de ésta en las gasolineras. Explicaba que Pemex se había aplicado a fondo en terminar con certificado de calidad el puente Guadalupe- Reyes , y no había informado por qué no mandaba los litros de a litro.

Domingo por la tarde.

La casa de piedra y flores de éste despachador itinerante que escribe, se ubica a 60 metros de una gasolinera. Algún infame servidor público soltó los permisos correspondientes, previa lubricación y checada de aire de su cuenta bancaria, y permitió que en alta zona habitacional se instalara el negocio.

Esta gasolinera, quién sabe de dónde, siempre tuvo gasolina. El chisme se corrió. Media Toluca acudió como peregrinación huachicolera al lugar para llenar el tanque.

La fila duro más de 12 horas, tan sólo el domingo. Entrar y salir del fraccionamiento donde habito se convirtió en una pesadilla (y sus derivados: quesadilla, pescadilla, camaronilla) de fábula.

A los automovilistas les valió que su lugar en la fila estorbara el buen tránsito del conjunto habitacional, y dos de ellos me echaron lámina camionera, asegurando que me quería meter en la final. No era la intención, pero ganas me faltaban de meterme en su familia y saludar a su venerable progenitora. 

La poca información y los vacíos de ésta, sobre lo que realmente ocurre con la gasolina, los precios que no quieren establecerse en el discurso de don AMLO y la sicosis que traemos por el tema, nos ha engorilado.

Ya va siendo hora de que le bajemos dos mililitros a nuestro tanque de intolerancia, y renovemos la civilidad. Si las autoridades no la han contribuido, somos los ciudadanos quienes debemos tomar la iniciativa urgente.

Aquí estoy, encerrado, sin poder salir porque la fila sigue. En la cara de los automovilistas varios sentimientos se reflejan. La mayoría de hartazgo, enojo y miedo.

La fila avanza. La gasolina no llega. ¿Quién incendiará la pradera?

LOS PORTALES

Están recién lavaditos. En algunas zonas olía a baños de la Arena Toluca, (cuando había Arena Toluca) después de una lucha entre Eruviel “El mascarita roja” contra el Perro Aguayo.

Las autoridades prometen dignificar la zona. Me sumo a hacerlo. Yo también voy y lavo mi parte. Llevo mis utensilios y desarrollo la bendita musicalidad que generan el agua y el jabón. Mi miedo viene después: ¿Cuántos respetarán la pulcritud de ese espacio, marcando su territorio, con los desperdicios de su cuerpo? También ayudan los que respetan, cuidan, veneran. De nada servirán miles de litros de agua y jabón, si los meones son más.

Vamos contra ellos, con la escoba en mano, y las ganas de ser distintos.

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