La Iglesia Católica siempre ha sido, en México, rica y poderosa; no necesariamente en ese orden pero sí son esos dos factores parte de su esencia.

Pero el Covid ya pegó en donde, a muchos religiosos, más les duele: el dinero.

Y los sufrimientos por los billetes no está en la Arquidiócesis de Toluca o Ecatepec, lugares donde sus jerarcas no sufren por la falta de recursos. No.

Son los curas de pequeñas parroquias, iglesias sencillas de poblados rurales, donde el cierre de templos y la cancelación de celebraciones, deja secas las charolas de las limosnas.

Sí, también las iglesias pasan aceite estos días. El Covid acabó con diezmos, caridades, obras y limosnas, y los curas, los padrecitos más humildes pasarán hambre.