Ante la presión, movilización
China, Rusia e Irán han perdido la confianza en las formas y métodos de negociación de los Estados Unidos. El presidente Donald Trump carece de credibilidad en las mesas de negociación para llegar a acuerdos en temas como la guerra de Irán y Ucrania. Cada vez hay más especulación sobre las posibles acciones militares de Estados Unidos, ya sea para poner fin a la guerra entre Israel e Irán o para dejar de lado el derecho internacional. La guerra de Irán ocurrió cuando había negociaciones con los Estados Unidos; sin embargo, atacaron territorio iraní.
En la guerra de Ucrania, el presidente Vladimir Putin trató de establecer puntos de acuerdo para no llegar al uso de las armas. Los esfuerzos diplomáticos fracasaron, no hubo acuerdo. Luego de cuatro años de guerra, el conflicto sigue en territorio ucraniano, pero son los países de la OTAN, con apoyo militar de los Estados Unidos, los que en realidad están en guerra contra Rusia.
Estados Unidos ha llevado el conflicto a diversos países con el objetivo central de mantener su hegemonía mundial a través del control del petróleo, como mecanismo para dominar el comercio mundial. Tanto Rusia como Irán son países que tienen petróleo y es exactamente en ellos donde se desarrollan guerras con crecientes costos para sus economías y socios comerciales, particularmente China. En el Medio Oriente, Estados Unidos busca fortalecer la fuerza militar de su aliado Israel para dominar la región y, con ello, controlar las rutas comerciales, particularmente de hidrocarburos, en el Mar Rojo, el Canal de Suez y en el Estrecho de Ormuz.
Se ve complicado que eso ocurra, pero si el escenario fuera favorable a los Estados Unidos, el afectado directo sería China por su dependencia del petróleo iraní y ruso. Otros países como Japón y las naciones europeas, particularmente Alemania, confirmarían su mayor dependencia de la venta de petróleo y gas de los norteamericanos.
¿Y esto qué tiene que ver con México? Mucho, porque el país tiene petróleo, litio y tierras raras. Las presiones del gobierno norteamericano son para garantizar el dominio sobre el país. Castigarlo al máximo para que la dependencia sea un mecanismo de control político absoluto. Lo logró en Venezuela sin ningún problema. Ningún país latinoamericano tiene las condiciones para enfrentar el expansionismo y control norteamericano. La fuerza armada es limitada, la unión política tiene más de retórica que factores concretos para la resistencia. Ninguno ha desarrollado tecnología.
Es más evidente el entreguismo de países como Argentina, Perú, Ecuador, Chile, El Salvador y ahora Venezuela, que la fuerza política y militar de los gobiernos que no están de acuerdo con el expansionismo de la Doctrina Monroe. Los pueblos no son los complacientes con la sumisión, es la clase política argentina, peruana, ecuatoriana, salvadoreña y chilena la que está dispuesta a los actos más indignantes con tal de ser favorecidos y reconocidos como aliados de los Estados Unidos.
En este escenario, la derecha mexicana busca intensificar las acciones de desgaste de los Estados Unidos contra el país. Para ellos es una oportunidad, tal vez la única, para debilitar al gobierno de la 4T y restar fuerza política a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. No son declaraciones aisladas ni actos en solitario de grupos vinculados a la derecha que anuncian la intervención directa del gobierno norteamericano. Han dado un paso al frente, su bandera de lucha es exigir mayor intromisión norteamericana por temas como el narcotráfico y la inseguridad.
El camino que queda a la 4T y a la presidenta es la movilización nacional; ese es su origen y mayor fortaleza.






