Batalla perdida
El régimen ha perdido una importante batalla, pero no su guerra. Su empeño por distanciarse de la renunciada consejera presidenta Taddei resultó en fracaso. Un exceso utilizar la elección de 1988 en el contexto del fallecimiento de Cuauhtémoc Cárdenas para condenar a quienes han señalado la responsabilidad del régimen por llevar a la señora Taddei al cargo. Para ese entonces López Obrador estaba en el PRI. La interesada omisión presidencial de Manuel Bartlett hizo evidente, no sólo la trampa, sino un hecho a la vista de todos: López Obrador no fue consecuente con lo que Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo iniciaron.
Lo importante es que el régimen perdió una batalla muy significativa. Un sector de opinión -la comentocracia tan detestada por la presidenta- y cuatro medios de comunicación: Reforma, El Universal, LatinUs y La Saga fueron detonadores de un proceso que llevó a la renuncia de la consejera presidenta. Su defenestración no ocurrió sin la voluntad presidencial; seguramente la presidenta Sheinbaum tenía información sobre la excesiva corrupción de la señora Taddei. No es gratuito, en ese contexto, la asociación de ella con el gobernador Alfonso Durazo quien, además, pudo promover a Lorenia Valles, su candidata, a la gubernatura.
La guerra no está perdida porque, para bien del régimen, el debate se centra en la corrupción y para muchos el asunto se agota en las indagatorias y el deslinde de responsabilidades, incluyendo la cárcel a Taddei, como han adelantado algunos, incluso prominentes morenistas. Si así ocurriera sería bochornoso para un régimen que se ha asumido portento de probidad, pero lo importante es la captura política del INE y eso, hasta hoy ha sido un tema secundario.
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