Cerrar el círculo de la fiscalización: de la observación al resarcimiento en pesos
Por más de tres décadas he estado vinculado al servicio público y a la fiscalización gubernamental. Desde la Cámara de Diputados en la LVI Legislatura, en la Comisión de Vigilancia de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) y como Subsecretario de la Contraloría en mi Estado, he impulsado una fiscalización con resultados tangibles, convencido de que la rendición de cuentas solo se cumple cuando el dinero mal ejercido se recupera y las responsabilidades se fincan.
Lo aprendí junto a mi amigo y colega Luis Maldonado Venegas (QEPD): el valor de la fiscalización no está en el volumen de los informes, sino en el peso de sus consecuencias. Sin embargo, año tras año, la ASF presenta observaciones millonarias que rara vez se traducen en recuperación efectiva. Se audita, se señala, pero no siempre se repara el daño al erario.
México necesita cerrar ese círculo. Fortalecer el músculo operativo y jurídico de la fiscalización, dotar a la ASF de facultades coactivas, acortar plazos y eliminar vacíos legales. En esa dirección apuntan las iniciativas del diputado Alfonso Ramírez Cuéllar, que buscan transformar la fiscalización en un verdadero instrumento de justicia fiscal, no en un proceso meramente declarativo.
He comprobado en cada responsabilidad que he ejercido —legislativa, administrativa y académica— que no hay rendición de cuentas sin reparación del daño. Y aunque en ese camino he enfrentado críticas y resistencias, sigo convencido de que recuperar cada peso observado es un acto de justicia social: una escuela no construida, un hospital no equipado o un camino rural abandonado.
La presidenta de la República ha reiterado su compromiso con erradicar la corrupción y la impunidad. En este contexto, el papel de la ASF y del Congreso será decisivo. No basta con auditar, hay que recuperar; no basta con informar, hay que sancionar.
Cerrar el círculo de la fiscalización es reafirmar que los recursos públicos pertenecen al pueblo. La rendición de cuentas no se predica: se demuestra peso a peso, devolviendo al ciudadano lo que es suyo y fortaleciendo la confianza en las instituciones.










