CHALCO, Edoméx. 26 de noviembre del 2016.- Sólo una placa que colocó la embajada de Cuba en la plaza de Santa Catarina Ayotzingo queda como recuerdo de la presencia del comandante Fidel Castro Ruz y sus cubanos en las montañas de “Ayamemetl”, similar a las de la Sierra Maestra en ese país y que sirvió como campo de entrenamiento a los Revolucionarios antes de 1956.

Fidel Alejandro Castro Ruz y Ernesto “El Che” Guevara, así como 25 de sus compañeros, estuvieron por más de dos años para entrenar en las montañas de Chalco y después salir en el Granma, hacía Cuba para combatir a Fulgencio Batista.

Por ésta razón este pueblo de Santa Catarina Ayotzingo, (Lugar de las Tortuguitas), está ya en la historia de la Revolución Cubana, sin embargo no toda la ciudadanía conoce los hechos históricos, a no ser por un Obelisco en la plaza central colocada en el año del 2006, por la embajada de Cuba, en México.

Fidel Castro y Ernesto “El Che”, Guevara, se establecieron con sus guerrilleros en el “Rancho la Rosa”, hoy de este inmueble sólo se ven paredones y terrones que se van cayendo por el paso del tiempo.

Dicho Rancho de Santa Rosa, perteneció a un rico agricultor de nombre, Erasmo Rivera Acevedo, quien también era productor de quesos y sus ventas la mayoría eran en la Ciudad de México.

Carlos Herrera Ventura, vecino de este lugar, manifestó que, el contacto que se realizó con Fidel Castro y Ernesto “El Che” Guevara, podría a ver sucedido precisamente por el queso que les vendía; sin embargo la realidad no se sabe quién o quienes los presentó.

Indicó que, tal vez el “Rancho Santa Rosa”, le fue rentado a Fidel Castro con una grande extensión de terrenos que cubría la montaña, donde se prepararía para combatir al entonces presidente de Cuba, Fulgencio Batista.

Señaló que todo era muy discreto en el pueblo de Santa Catarina Ayotzingo, y el único que tenía la autorización de llevarles los alimentos fue un señor de nombre, Eulogio Ruiz Pozos.

Una historia perdida de la vida del líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, fue contada por Pedro Elizalde, hijo de Erasmo Rivera, quien explicó que  una persona de nombre Antonio Conde, fue quien les vendió las armas a los revolucionarios, gran parte de ellas, venían de los Estados Unidos de Norteamérica, las que utilizarían también en la Sierra Maestra de Cuba.