Comprar de más no era exceso: era prevención ante crisis y desabasto
TOLUCA, Edomex., 20 de enero de 2026.- Durante décadas marcadas por crisis económicas, devaluaciones recurrentes, conflictos lejanos y constantes episodios de desabasto, miles de familias desarrollaron una práctica que hoy podría parecer exagerada, pero que entonces era una necesidad: comprar productos sin requerirlos de inmediato, solo “por si acaso”.
Prevención ante un desabasto
No se trataba de consumo impulsivo ni de acumulación sin sentido. Era prevención. En alacenas, roperos y rincones de las casas se guardaban jabones, azúcar, velas, telas, clavos, medicamentos básicos o latas de comida. Artículos cotidianos que, en cualquier momento, podrían desaparecer de los estantes, duplicar su precio o tardar semanas en volver a llegar.
Una forma de proteger a la familia
La lógica era sencilla y contundente: mañana puede no haber. En sociedades donde el suministro era inestable y la información tardaba en llegar, anticiparse se volvió una forma de proteger a la familia. Comprar de más no era un lujo, sino una respuesta aprendida frente a la incertidumbre.
Esta conducta se convirtió en hábito y, con el tiempo, en memoria colectiva. El miedo no se explicaba con estadísticas ni indicadores económicos; se resolvía llenando un rincón de la casa. Cada producto guardado era una pequeña garantía frente a un futuro impredecible.
Sobrevivir también implicaba prever la ausencia.
Hoy, en un mundo de consumo inmediato y abastecimiento constante —al menos en apariencia—, ese “por si acaso” sigue presente en muchas generaciones. No como exceso, sino como herencia de épocas donde sobrevivir también implicaba prever la ausencia.










