Condiciona Ricardo Moreno entrega de sillas de ruedas a final de futbol
TOLUCA, Edomex., 20 de mayo de 2026.– En un acto de profunda frivolidad que raya en el cinismo, el alcalde de Toluca, Ricardo Moreno Bastida, ha desatado una ola de indignación social al vulnerar los derechos de las personas con discapacidad a vivir una vida mejor, luego de condicionar la entrega de sillas de ruedas al resultado de una burda apuesta futbolera, con motivo de la final de la Liga MX entre Cruz Azul y Pumas, convirtiendo una obligación gubernamental en un vulgar espectáculo de azar.
Disputa político-deportiva
Lejos de la seriedad y responsabilidad social y presupuestal que exige su cargo, el edil Moreno Bastida recurrió a una práctica que compromete la entrega de apoyos funcionales, como si se tratara un juego de casino.
Y es que, lo que debería ser una obligación permanente y un derecho constitucional, se reduce a la entrega de apoyos sociales condicionados a un resultado de azar o disputa político-deportiva.
La discapacidad como botín de espectáculo
El hecho de que Ricardo Moreno y la legisladora local Ruth Salinas del partido Movimiento Ciudadano, utilicen las sillas de ruedas como moneda de cambio para dirimir rivalidades o ganar reflectores en redes sociales, ha sido recibido como un acto de caridad paternalista y electorera.

Mientras Toluca, enfrenta graves retos en materia de infraestructura urbana incluyente, escasez de rampas adecuadas y abandono institucional hacia las personas con movilidad limitada, el alcalde busca otorgar soluciones con dinámicas de espectáculo mediático.
Condicionar la entrega de estos apoyos a una dinámica de juego, resulta humillante para los cientos de mexiquenses que llevan meses, o incluso años, en listas de espera en el DIF municipal, aguardando un apoyo para recuperar su autonomía.
La burla de las 10 sillas
Mientras el munícipe monta un espectáculo mediático para mejorar su imagen, alrededor de 32 mil personas en Toluca que viven con alguna discapacidad, lidian a diario con una capital mexiquense hostil, carente de rampas, con un transporte público inaccesible y desabasto crónico de apoyos institucionales.
En un municipio donde el DIF y las dependencias asistenciales argumentan constantemente falta de presupuesto para adquirir aparatos funcionales, las familias de escasos recursos deben costear por su cuenta, sillas de ruedas cuyos precios oscilan entre los tres mil y 15 mil pesos, convirtiendo la falta de dinero en una limitante que condena a miles al confinamiento en sus hogares, debido a la ausencia de políticas públicas reales.






