Control de daños
El escándalo en torno a la señora Guadalupe Taddei se ha vuelto acontecimiento trascendente. Bien lo merece por el daño que le significó a una de las instituciones públicas con mayor prestigio y reputación producto de su buen desempeño, calidad de sus resultados y una buena conducción colegiada. Reconocimiento para los muchos directivos y empleados, también, para los muchos consejeros del IFE, ahora INE y especialmente para quienes llevaron la dirección: Woldenberg, Ugalde, Leonardo Valdés y Lorenzo Córdova. La desgracia de ahora los convalida y les da relieve.
El obradorismo decidió hacerse del INE después de la elección intermedia en la que advirtió que los resultados no se correspondieron a la expectativa en la elección de diputados federales. El presidente López Obrador intentó por todas las vías alterar en sus fundamentos al INE; presentó una reforma constitucional que no prosperaría porque no tenía respaldo en el Congreso y, después, un “plan B” que la Corte le frenaría. La respuesta fue ordenar la colonización del INE con propuestas de consejeros subordinados y subordinables al interés del régimen. Así llegaron siete representantes del gobierno al máximo órgano de gobierno, entre éstos, la señora Guadalupe Taddei, adelantada de uno de los favoritos de López Obrador, el gobernador Alfonso Durazo, presidente también del Consejo Nacional del partido en el poder.
La señora Taddei es un caso de evidente venalidad que ha quedado singularmente expuesto ante el país por una ostensible corrupción de la que dan cuenta, documentos y testimonios audiovisuales incriminatorios. Afines al régimen dicen que es muy triste ser observador de esto, para los demás es indignante; siguen presentándose y persiste la tristeza de unos y la enojo de los demás.
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