Cumplen sus mandas peregrinos rumbo al Tepeyac con cansancio y devoción
TOLUCA, Edomex., 11 de diciembre de 2025.- A pie, corriendo, en bicicleta, en autos, motocicletas y hasta en burros, miles de peregrinos cruzan cada año el Estado de México rumbo a la Basílica de Guadalupe. No importa la distancia ni el cansancio: el 12 de diciembre es, para millones de mexicanos, un día para cumplir promesas, agradecer milagros y reencontrarse con la Morenita del Tepeyac.
Celebrar batallas ganadas y enfermedades superadas
Con pies descalzos, de rodillas o sosteniendo imágenes que superan los 40 kilos, los feligreses avanzan con el corazón lleno de fe. Para ellos, la manda no es solo una tradición: es un acto profundo de gratitud, un puente entre lo indígena y lo católico, una manera de celebrar batallas personales ganadas, enfermedades superadas y sueños alcanzados.

“La manda más que nada es venir a pedir por la familia, salud y bienestar… que todo en la familia salga bien, que nos vaya bien en la vida”, cuenta José Damián, quien este año peregrinó cargando una figura de la Virgen de entre 40 y 50 kilos. Su testimonio refleja lo que muchos sienten: cada paso, por cansado que sea, se vuelve ligero cuando se camina con esperanza.
Formas de agradecer
Cumplirle a la Virgen de Guadalupe tiene múltiples expresiones, entre las más comunes están:
- Caminar largas distancias sin descanso y con lo mínimo indispensable.
- Avanzar de rodillas hasta el altar.
- Hacer parte del camino descalzo como símbolo de humildad.
Otros agradecen mediante danzas, flores, velas, cantos, música o donaciones que buscan devolver parte de lo recibido.

Una peregrinación que une a un país entero
Como cada año, miles de personas provenientes de diversos estados —y también desde Estados Unidos— convergen en el Tepeyac para participar en la festividad religiosa más importante de México. En este contexto, la Iglesia católica hizo un llamado especial para que el encuentro con la Virgen también se convierta en un encuentro entre los propios mexicanos.
Hoy, cuando México necesita puentes y no muros, diálogo y no confrontación, Guadalupe vuelve a recordarnos que somos un mismo pueblo, llamado a reconstruir la confianza y a vencer la indiferencia”, señaló el Episcopado en su editorial Desde la Fe.
En estas fechas, el país entero parece moverse al mismo ritmo que sus peregrinos: paso a paso, con cansancio y fe, con promesas y gratitud. Porque cada diciembre, el camino al Tepeyac no solo conduce a un templo, sino a un abrazo colectivo que recuerda que la devoción, cuando se comparte, también puede sanar y unir.











