De nuevo Gutiérrez Müeller, viola la ley
Como he sostenido a lo largo de estas páginas, la ausencia de una regulación clara, expresa y exigible sobre el papel de las y los consortes del titular del Poder Ejecutivo Federal constituye una omisión normativa de fondo que favorece la ambigüedad institucional y abre espacios propicios para la simulación. No se trata de un vacío menor ni meramente protocolario: es un punto ciego del diseño constitucional que permite la actuación fáctica sin responsabilidad jurídica, la influencia sin control y el ejercicio de prerrogativas sin sujeción a reglas de transparencia o rendición de cuentas.
Esta laguna adquiere especial gravedad cuando se contrasta con discursos políticos que hicieron de la llamada “austeridad republicana” un eje de legitimación moral y diferenciación frente a administraciones anteriores. La promesa de sobriedad, congruencia y apego estricto a la legalidad no puede sostenerse si, en los hechos, se toleran prácticas que reproducen —aunque bajo nuevas formas— los mismos esquemas de opacidad y privilegio que se afirmaba combatir. La narrativa pública, en estos casos, no sólo se debilita: se vacía de contenido.
En este contexto, la actuación de la esposa del expresidente Andrés Manuel López Obrador vuelve a poner en evidencia la persistente disociación entre el decir y el hacer. Se configura así una zona gris en la que se invoca el respeto formal a la ley mientras, en la práctica cotidiana, se desdibujan sus límites mediante actos que escapan a cualquier esquema claro de responsabilidad. No se trata de una infracción aislada, sino de una lógica de funcionamiento que erosiona los principios más elementales del Estado de derecho.
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