Del gasto público al lavado, varios frentes para proteger al Estado mexicano
En México mucha gente sigue pensando que la seguridad nacional se resuelve solo con operativos en la sierra, retenes en carretera o balaceras contra el crimen organizado. Y sí, eso importa. Pero la batalla más decisiva y la menos visible, se está librando en otro terreno, el del sistema financiero.
Después de años como funcionario de gobierno, revisando gasto público, fiscalizando recursos y analizando flujos de dinero del Estado, lo tengo clarísimo, las organizaciones criminales no son bandas desorganizadas, son corporaciones transnacionales con logística, contabilidad, tesorería y expertos en lavado.
Si no les cortas el oxígeno financiero, por más que captures capos, el monstruo se regenera.
La experiencia internacional lo demuestra una y otra vez, seguir el dinero es mucho más efectivo que perseguir solamente personas. Por eso países con instituciones fuertes, como Estados Unidos, han construido verdaderas máquinas de guerra financiera. El Departamento del Tesoro, con la OFAC y FinCEN, no anda persiguiendo individuos uno por uno, lo que hace es asfixiar redes enteras.
Una sola designación en la lista de Nacionales Especialmente Designados (SDN) puede cerrar cuentas bancarias, bloquear transferencias y dejar sin oxígeno a todo un ecosistema criminal en cuestión de horas, esto debe ser un cerco global que duela de verdad.
México ya tiene piezas importantes de ese rompecabezas, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), la Fiscalía General de la República (FGR), la Auditoría Superior de la Federación (ASF), el SAT y varias áreas de Banxico. Todas hacen trabajo serio. El problema es que, con demasiada frecuencia, operan en silos. La inteligencia financiera va por un lado, la investigación penal por otro y la fiscalización del gasto público por otro más.










