Del Plan DonRoe a la autodeterminación de los pueblos
Hegemonía, soberanía y límites al poder en la transición al orden multipolar
Introducción
El presente artículo se inscribe como continuidad analítica directa de El gran reajuste: México en la encrucijada del orden multipolar (2025), donde se planteó que el sistema internacional atraviesa una transición estructural caracterizada por el agotamiento del orden unipolar liberal y la emergencia de un escenario multipolar aún en disputa. En ese contexto, este trabajo profundiza en la respuesta estratégica del poder hegemónico en declive, conceptualizada aquí como Plan DonRoe, entendido no como una doctrina formal codificada, sino como una relectura coercitiva de la Doctrina Monroe, adaptada a las condiciones contemporáneas de la seguridad nacional y del conflicto geopolítico sistémico.
El objetivo central del artículo es analizar cómo esta estrategia reactiva entra en tensión con los principios históricos de autodeterminación de los pueblos, particularmente en América Latina, y cómo México, desde su tradición jurídica, diplomática y política exterior, posee condiciones reales para desempeñar un papel histórico como puente de conciliación y unión para el desarrollo en la transición hacia un orden internacional más equilibrado.
I. Del ocaso de la hegemonía liberal al Plan DonRoe
La hegemonía liberal estadounidense, consolidada tras el fin de la Guerra Fría, se sostuvo durante décadas sobre tres pilares fundamentales: supremacía económica, liderazgo institucional y legitimidad normativa. Sin embargo, a partir de la segunda década del siglo XXI estos pilares comenzaron a erosionarse de manera simultánea. El ascenso de nuevas potencias, la crisis financiera global, el debilitamiento del multilateralismo y la fragmentación del consenso político interno en las democracias occidentales marcaron el inicio de una fase de repliegue estratégico.
En este escenario emerge lo que en este trabajo se denomina Plan DonRoe: una estrategia de seguridad nacional que privilegia la coerción, la disuasión y la presión económica por encima del consenso normativo. A diferencia de la Doctrina Monroe clásica, que se presentaba como un principio de protección hemisférica frente a potencias extracontinentales, el Plan DonRoe se configura como un instrumento de contención y control, orientado a frenar la pérdida de influencia global mediante sanciones, militarización indirecta, control de flujos estratégicos y aseguramiento de recursos clave.
Este giro no constituye una ruptura, sino una continuidad histórica adaptada a un contexto de declive relativo. Cuando la hegemonía deja de ser aceptada como legítima, recurre crecientemente a la fuerza y a la coerción para sostenerse. El Plan DonRoe expresa, así, la fase defensiva de un poder que ya no puede ordenar el sistema mediante reglas aceptadas, sino mediante la imposición.
II. América Latina y la tradición de la autodeterminación
Frente a esta lógica coercitiva, América Latina ha desarrollado históricamente un cuerpo doctrinal propio basado en la autodeterminación de los pueblos, la no intervención y la solución pacífica de controversias. Desde las doctrinas Calvo y Drago, de origen argentino, y la Doctrina Estrada en México, hasta el principio juarista de que “el respeto al derecho ajeno es la paz”, la región ha defendido una concepción del orden internacional fundada en el derecho y no en la imposición.
Estas doctrinas no surgieron como abstracciones teóricas, sino como respuestas históricas a la intervención extranjera, la coerción económica y la subordinación política. En el caso mexicano, esta tradición adquirió rango constitucional y se proyectó como política exterior de Estado, consolidando una visión que concibe la soberanía no como aislamiento, sino como condición indispensable para la paz y la estabilidad.
En contraste con el Plan DonRoe, que subordina la soberanía ajena a los intereses de seguridad de la potencia dominante, la tradición latinoamericana afirma que no puede existir paz duradera sin respeto a la autodeterminación. Esta divergencia doctrinal revela dos concepciones antagónicas del poder y del orden internacional.
III. México como puente de conciliación y unión para el desarrollo
En el contexto de la transición multipolar, México no está condenado a elegir entre alineamiento automático o confrontación estéril. Su posición geográfica, su historia diplomática, su identidad cultural y su capital normativo le permiten desempeñar un papel más complejo y estratégico: actuar como puente de conciliación y unión para el desarrollo entre el Norte y el Sur global.
Ser puente no implica ambigüedad ni neutralidad pasiva, sino capacidad activa de mediación y articulación. México puede contribuir a la desescalada de tensiones, facilitar el diálogo entre proyectos civilizatorios en competencia y promover esquemas de cooperación que prioricen la estabilidad, el desarrollo compartido y la paz regional.
Este papel exige coherencia interna, claridad doctrinal y una política exterior que privilegie la estabilidad y el desarrollo por encima de la subordinación estratégica. En un mundo fragmentado por bloques, la capacidad de tender puentes se convierte en un activo geopolítico de alto valor.
IV. Límites al poder y reconfiguración del orden internacional
La emergencia del Sur Global como actor colectivo, la diversificación de alianzas estratégicas y la construcción de nuevas arquitecturas institucionales evidencian que el poder global se encuentra en un proceso de redistribución. Este reordenamiento no se produce únicamente por confrontación directa, sino por la pérdida de centralidad de las instituciones y narrativas del viejo orden.
El Plan DonRoe, al privilegiar la coerción sobre el consenso, acelera paradójicamente este proceso. Cada sanción, cada presión unilateral, refuerza la búsqueda de alternativas institucionales y económicas por parte de los Estados que buscan preservar su soberanía y estabilidad.
En este escenario, los límites al poder hegemónico ya no provienen exclusivamente de la resistencia militar, sino de la diversificación del sistema internacional y de la consolidación de principios como la autodeterminación, la no intervención y el desarrollo con paz.
Conclusiones
El Plan DonRoe representa la fase defensiva de una hegemonía en declive, caracterizada por el abandono del consenso normativo y el recurso creciente a la coerción. Frente a esta lógica, la tradición latinoamericana de la autodeterminación de los pueblos ofrece un marco alternativo basado en el derecho, la soberanía y la paz.
México, desde su historia diplomática y su capital normativo, posee una oportunidad histórica: asumirse como puente de conciliación y unión para el desarrollo en la transición hacia el orden multipolar. No se trata de elegir bandos, sino de contribuir activamente a la construcción de un sistema internacional más equilibrado, donde la estabilidad, la paz y el desarrollo compartido sean los ejes centrales.
La transición multipolar no está exenta de riesgos, pero también abre la posibilidad de superar la lógica de la dominación y avanzar hacia un orden internacional fundado en la cooperación, el respeto mutuo y la autodeterminación de los pueblos.






