Picotazo Político: Delfina
El multicitado y muy incomprendido Maquiavelo señaló que “se debe gobernar desde el conocimiento de que somos malvados por naturaleza". Es brutal aquella conclusión donde se afirma que en nuestra naturaleza “es mejor ser temido que amado". Francisco I. Madero, siendo un hombre inteligente —porque lo era— cometió el mayor error en política: pensar que bastaba ser bueno y bien intencionado para conseguir que su sueño de un México libre y democrático fuera suficiente, sin necesidad de ser frío y pragmático con sus adversarios.
Hacer gobierno requiere de piel gruesa; hacer política en México implica aprender a jugar con descaro, conociendo las debilidades de los enemigos, sin soltar el dedo del gatillo, sea para defenderse o atacar. La política en estos salones no es para almas delicadas; se trata de los juegos olímpicos en donde las medallas son obtenidas sin detenerse a pensar si se actúa con decencia o moral. Todo se vale, mientras no te cachen… y la meta es una sola: el poder y ver la manera de conservarlo el mayor tiempo posible, esa toxina que embelesa los sentidos, que provoca que la mente flote y que las manos estén llenas de riquezas y de esa suave taquicardia que produce el saberse intocable.
Mirando a través de la cámara de Gesell, identificamos al PRI como el semillero, la cuna y universidad de este tipo de políticos, patentadores del “quehacer de la política” con esos rasgos, creadores de instituciones que profesionalizaron el arte de la política, al punto que generaciones enteras fueron inseminadas de ese ser: el pequeño priista que todos llevamos dentro, el pequeño cínico o influyente, el tramposo o corrupto, según sea la escala que se ocupe.
Y una de las mayores deformaciones se dio en el Estado de México (EMX), la casa donde se formó una de las máximas de la inmoralidad pública: “un pobre político, es un político pobre”. Y ha sido esta patente de corso, esculpida por el mítico maestro Carlos Hank González, lo que marcó para siempre a una de las clases políticas más voraces de todos los tiempos: los priistas del Estado de México (EMX).
Claro, no todos los que han pertenecido a este clan han resultado ser criminales o ladrones; los ejemplos de buenos funcionarios siempre los habrá.
Y es este sargazo el que provoca que la hoy gobernadora Delfina Gómez sea un buen intento, una maestra bien intencionada, frente a los ejércitos de simuladores que no hace mucho la atacaban en campaña. Priistas que chapulinearon y que presumen hoy su nueva piel; así se les ha visto en eventos, actos como el del segundo informe de gobierno, selfies que editorializan la baja condición humana… y ahí están, acechando a la maestra. Y ella, sin atreverse a ser la líder de una entidad que lleva mucho tiempo sangrando por las heridas que le fueron asestando los del Mazo, los Eruvieles, los Peña, los montielistas, los camachistas y los caciques regionales que han saqueado una y mil veces a la entidad.
Ha llamado mucho la atención que en el segundo informe de la maestra Delfina se presente una especie de fotografía del pasado, una vieja estampa en donde los autoelogios inundan la sala, brillosas cifras del “todo va muy bien”, “hemos ganado”, “hemos reducido”, “estamos combatiendo”… y los pobres en el centro del discurso, esos que siguen viendo sus calles infestadas de baches y socavones, mexiquenses que rompen récords en asaltos, ciudadanos que se siguen estrellando en las oficinas y sus envenenadas burocracias, enfermos que se preguntan por medicinas… sí, ha habido avances, pero no son los que “un cambio de verdad” produce, y esa sí es responsabilidad de la gobernadora, la cual, repetiré, no es mala, mucho menos me atrevería a calificarla de corrupta. Solo que es, en una granja de leones, un poco o mucho ingenua, pues si no desea enterarse de que su mayor error es haber permitido que el PRI de antes le acompañe hoy (bajo el camuflaje de conversos), está en el riesgo potencial de ser traicionada o, como vive en su propio equipo, ser defraudada por las y los muchos ineptos que le acompañan en su gabinete.
En política no se puede ser inocente ni confiada, y en eso, la maestra Delfina es una campeona.
Por ello es que en el Estado de México (EMX) se siente que el PRI no ha dejado de manejar prácticamente todos los hilos, por más que lo nieguen en Toluca. Si no, ¿cómo nos explicamos la impunidad con la que se mueven todos los miembros de esa mafia?
Y la historia no miente: quien, junto con el dolor de las traiciones, se convierte en una gran maestra (la historia, aclaro). Donde existe una fila de libros, para que sea la otra maestra quien los consulte y pueda abrir su mente y conciencia para que no pase a ser una gris figura y aspire a ser la gran transformadora de su estado y no como ahora, una habitante con cierto poder que vive debajo de los verdaderos dueños del Edomex, o sea, los de antes.
Tic Tac.






