Democracia constitucional o democracia judicial
Los cambios constitucionales de este año han servido de pretexto para retomar las críticas a la democracia judicial mexicana, principalmente por las corrientes académicas formadas en torno a figuras como Luigi Ferrajoli, Roberto Gargarella o Manuel Atienza, agrupadas en torno a la noción de “democracia constitucional”. Se trata de una fe en crisis tras dos reformas y una elección judicial contrarias a sus creencias.
Hasta los críticos más recalcitrantes de la democracia judicial mexicana reconocen la realidad del anterior sistema de impartición de justicia: un poder judicial contra mayoritario, apartado del sentido social de la Constitución de 1917 y cómplice de intereses oligárquicos. Pero existen otros puntos clave de la reforma de 2024 que tampoco pueden negar: el combate a la corrupción, incluido el nepotismo, la falta de cercanía con el pueblo y la lentitud en la impartición de justicia.
Independencia judicial en debate
La crítica central contra la democracia judicial ha girado en torno a la independencia judicial por ser una garantía de la “democracia constitucional”, modelo supuestamente imperante en México hasta antes de los cambios introducidos por la 4T. La “ley del más débil” supone, esencialmente, el sometimiento de la soberanía popular al orden jurídico, especialmente a ciertas reglas de procedimiento y a los derechos fundamentales.
Conforme a esta línea argumental, al relegar la carrera judicial, la reforma judicial y sus elecciones afectaron la independencia de los tribunales, en tanto que el acceso a la titularidad de los órganos jurisdiccionales quedó condicionado al voto popular y directo, no al mérito y la excelencia basada en el dominio técnico del Derecho, la experiencia profesional progresiva y la ética judicial. Cabe recordar que, durante la época de la “democracia constitucional” mexicana, con los gobiernos del PAN y del PRI, los exámenes se filtraban desde las cúpulas de la judicatura, las trayectorias dependían de vínculos familiares y las virtudes se ejercían según las circunstancias de cada caso.
Críticas a la reforma de 2024
Para los ideólogos de la “democracia constitucional”, la sobrerrepresentación del Congreso mexicano deslegitimó de origen la reforma judicial de 2024, por excluir diversas visiones jurídico-políticas de la oposición y de la comunidad jurídica, además de contravenir los parámetros de un régimen democrático incluyente y plural. Según el discurso opositor, la reforma significó el regreso del autoritarismo y es producto de un ejercicio autoritario de poder.
La crítica nace de una nostalgia de políticos, juristas y académicos que se sienten desplazados del juego político y del reparto de espacios en los poderes judiciales, comenzando por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el Consejo de la Judicatura y la Sala Superior del Tribunal Electoral. No era un juego democrático, pero era su juego.
Constitucionalismo en crisis
Ese constitucionalismo puro, de impronta burguesa, conducido por élites y orientado a gestionar los conflictos sociales desde una perspectiva de clase, ahora parece insostenible. Los grupos de investigación que se resisten al cambio presentan sus informes como neutrales, aunque en los hechos reproducen consignas ideológicas con poco valor académico.
No deja de sorprender que estos juristas defiendan con fanatismo la tendencia política que primó en México de 1994 a 2018 y desprecien la defensa de los derechos sociales y la ampliación del derecho a votar. En nombre de la “transición a la democracia” se critica la democratización del Estado mexicano.
Congreso Mundial de Derecho Constitucional
Del 6 al 10 de julio, se celebró en la Universidad Externado de Colombia la duodécima edición del Congreso Mundial de Derecho Constitucional, con la participación de cerca de 2,400 expertos en sesiones plenarias, mesas de trabajo y actividades académicas.
En el Congreso se planteó un problema crucial: qué constitucionalismo se quiere y cómo se va a lograr. Desde el pensamiento crítico, la respuesta es clara: el constitucionalismo no puede seguir atado al liberalismo antidemocrático ni al globalismo neoliberal.
Democracia constitucional vs. democracia social
Los defensores de la “democracia constitucional” están más preocupados por justificar sus trayectorias académicas, mantener su membresía en el club del constitucionalismo insustentable y seguir vendiendo libros y cursos. Hoy, la teoría constitucional está más cerca de ser una extensión de la ideología política burguesa que de consolidarse como un saber crítico del Estado moderno, comprometido con la construcción de una sociedad libre y con medios de producción colectivos.










