CIUDAD DE MÉXICO, 26 de junio de 2019.- Todos los días, cientos de personas alrededor del mundo abandonan sus territorios con la esperanza de conseguir, en otro país, mejores condiciones de vida.

No son migrantes con visas y pasaportes, son viajeros de a pie, esos que el sistema desecha oportunamente.

Su condición de pobreza y vulnerabilidad los orilla a realizar un desplazamiento forzado que no tiene lógica; obedece a un sistema de reproducción que no los incluye: busca despoblar lugares donde se prevén enfrentamientos o quejas de la sociedad civil para poder llevar a cabo sus planes y proyectos.

Según explica en un artículo para la UNAM Global, son políticas públicas diseñadas a modo con el fin de llevar a cabo un desplazamiento que los conduzca a la muerte, esa idea de ejercer autoridad mediante el uso de la violencia apropiándose del derecho a decidir sobre la vida y/o muerte de alguien más.

De acuerdo con Ariadna Estévez López, investigadora del Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN), este dispositivo necropolítico opera en espacios ricos en recursos naturales donde reina el crimen organizado y donde migrantes, mujeres y niños son vistos y tratados como mercancía.

“Está en los intereses de la reproducción del sistema capitalista neoliberal producir condiciones que orillen a las personas a situaciones y condiciones de muerte en distintos lados, sobre todo de las periferias de países de Centroamérica, en Venezuela y en algunos lugares de África y Asia, espacios donde se crean condiciones explosivas que, eventualmente, derivan en muerte y enfermedad”.

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