Si Andrés Manuel López Obrador decidiera usar el atril de sus mañaneras para declarar: Estamos en guerra, nadie se atrevería a contradecirlo; es más, estoy seguro que habría un cierre de filas porque al fin, dividiría al país en la forma en que realmente nos tenemos que ver: ciudadanos vs criminales. 

Es bien sabido que, para sanar un problema, el primer paso es aceptar que existe, y si nos atreviéramos a ver nuestra realidad, el país está profundamente enfermo. Los síntomas son claros: calles incendiadas, cuerpos apilados en las carreteras, criminales despojando de su patrimonio a miles de familias, economías locales quebradas, hampones amenazando al gobierno, los mismos sintiéndose agraviados. También tenemos la faceta de criminales siendo liberados; un gobierno dejándose chantajear, y en la cúspide de la barbarie, mujeres y niños masacrados en caminos solitarios, como le ocurrió a mi familia.

En este contexto, tuvimos un fin de semana, que cada vez nos sorprende menos, pero que sin duda nos muestra un México en el que existen amplios territorios adueñados por el crimen organizado, donde la autoridad emana del terror, y sembrar imágenes dantescas es la forma de someter a la ciudadanía, y en este caso, de mandarle un claro mensaje al gobierno: o cumplen nuestras demandas o los daños colaterales serán desproporcionados.

Así, circularon en redes sociales y en muchos medios de comunicación imágenes de Celaya, Guanajuato, con amplios campos incendiados, con comercios y autos siniestrados, con camionetas circulando llenos de terroristas armados (no se les puede llamar de otra forma). Todo esto como forma de reclamar y presionar al gobierno por la detención de la madre y hermana de José Antonio Pérez El Marro, líder del cartel de Santa Rosa. Tal como ocurrió hace unos meses cuando se aprendió a Ovidio Guzmán, solo que, en esa ocasión, el Presidente decidió sí ceder.

¿Qué puede tener en la cabeza un criminal como el Marro, para sentirse víctima? El llanto de uno de sus videos es el mismo de un agraviado, se queja por haberse metido con su mamá y su hermana, pero ¿cuántas vidas le habrá correspondido a él decidir si quitaba o no? 

¿Cuántas familias destruyó, cuántas mesas habrán quedado con huecos, cuánto llanto provocó? pero ahora que la justicia lo alcanzó, se dice afectado. El nivel de egocentrismo de estos criminales es peligroso, y se puede entender porqué actúan como si hicieran lo correcto, como si la verdad los acompañara, convencidos de sus decisiones.

Hace poco tiempo caminamos por León, Guanajuato. Las manifestaciones de ciudadanos no fueron pocas, gente que salió a las calles para describirnos un Estado próspero que extrañaban, donde el miedo no tenía cabida, donde no había desaparecidos, donde el secuestro y extorsión era una leyenda urbana de otras entidades. Hoy Guanajuato que, por cierto, rechazó por decisiones políticas la intervención del Ejército, enfrenta una cruda realidad, desgraciadamente, es una película de guerra, mezclada con terror.

En el mismo fin de semana, en Caborca, Sonora, quedaron 12 personas muertas por enfrentamientos. Las escenas también rayaban en una locura bélica. Cuerpos apilados en la carretera, y dos civiles asesinados por equivocaciones entre grupos.

Sergio Arredondo, maestro, fue sacado de su domicilio por un grupo de sicarios y acribillado, porque lo confundieron con alguien del otro bando, ahora alguien ha decidido que existen los bandos y que uno decide sobre la vida del otro. Esto es nulo respeto a la vida, es vivir con la ley del más fuerte armado, y que la libertad tenga la suerte en un volado, o sea jugada en la carta más alta. 

En este entorno, la fiscalía de Jalisco informó que se encontraron 3 fosas clandestinas con 75 bolsas con restos humanos. Las fosas fueron halladas en las periferias de Guadalajara, en los municipios de Zapopan, Tlaquepaque y Tlajomulco de Zúñiga. No se tiene idea del número de cuerpos que representen. Obviamente, tampoco se conocerán las historias detrás de cada número.

Del norte pasemos al sur. En Guerrero, en el Pueblo Mágico de Taxco, policías estatales fueron emboscados por un grupo de criminales. El enfrentamiento dejó cinco policías heridos y seis muertos, muy posiblemente se trató de una muestra de fuerza para imponer condiciones. Cuando hablamos de que las policías locales necesitan ser reforzadas es porque es transparente su vulnerabilidad; están poco capacitadas, no existen filtros de admisión, ni métodos de supervisión efectivos contra la corrupción y complicidad criminal.       

Lo que describimos anteriormente cupo en un solo fin de semana. Por cierto, coincidió con la celebración del Día del Padre. Aquí quiero hacer un reconocimiento a mi tío Adrián LeBarón, un padre que tuvo que atravesar por la peor pesadilla de cualquier ser humano: ver a su hija y nietos, siendo víctimas del crimen que destruye miles de sueños. Admiro que busque justicia, más nunca venganza; espera ver a los responsables pagando su condena, pero lucha porque nadie vuelva a atravesar por este terror. Mi tío nos motiva a muchos y por eso vamos a seguir caminando por el país, haciendo visibles las cosas que hasta hoy, han pasado desapercibidas.

Así que si mañana, el presidente López Obrador, llegará a su sala de prensa y admitiera que estamos en una situación muy similar a la guerra. Que ya identificó a los enemigos, que la estrategia va a girar para dar resultados, tendría en todos los mexicanos, un férreo respaldo. 

Hasta el día de hoy, el asesino más peligroso de México, es la falta de estrategia.