El Listón Amarillo
La semana pasada les hablé de la muerte. De mi mejor amigo, del silencio que deja un suicidio y de por qué su vida fue mucho más que su último día. Hoy quiero hablarles de la vida. Porque después de aquel 2011 me quedé con una pregunta que todavía me acompaña: ¿y si hubiéramos llegado antes?
Llegar antes no es fácil. Un niño no te dice «estoy triste»; te dice que le duele la panza, que ya no quiere ir a la escuela, o se encierra con el celular. Un papá no te dice «ya no puedo»; te dice que está cansado. Y una abuelita casi nunca te dice que se siente sola; te dice «estoy bien, mijo, no te preocupes».
El año pasado, 8,709 personas murieron por suicidio en México. Detrás de cada número hay una familia que, como la mía, se preguntó qué no vio a tiempo.
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