El PAN: bueno para traer la muerte
Toda institución para renovarse, reinventarse o reformarse primero debe saber que lo requiere y luego tener claridad en cómo hacerlo. Sin esas premisas no es posible avanzar hacia un proceso de cambio. Sin rumbo ni dirección solo se tiene seguro el fracaso. Eso parece ser lo evidente del relanzamiento del PAN. El primer inconveniente es que lo hacen fuera de tiempo, llegan tarde al diseño de su propio destino. Tampoco saben qué proponer a su base militante y a sus simpatizantes. El segundo error estratégico es que los convocantes son los mismos que lo han llevado al fracaso; y existe un tercer inconveniente, varios de los convocados ven en el partido un instrumento para fraguar una venganza por los privilegios que perdieron a partir de 2018 con el arribo de la 4T; entre otros, licitaciones y obras públicas, negocios con Pemex y no pagar impuestos.
Ante la incapacidad de elaborar una propuesta de cambio por parte de sus dirigentes, ya no existe motivo, para ciertos aliados, de seguir apoyando al partido. Resulta lógico que simpatizantes de los sectores económicos, que antes eran sus promotores, giren a buscar lazos de cercanía con el gobierno federal. Si ya no tienen un partido con la fuerza para influir en la defensa de sus intereses, no tiene ninguna rentabilidad seguir con esa alianza política, que alguna vez fue eficaz para ambos.
Prevalece un reducido círculo nacional del partido que decide todo y, al mismo tiempo, marca la ruta a los grupos estatales y municipales que replican el método, la forma y las alianzas para estar dentro de los beneficiados. Todos ellos suponen que haciendo un evento con cierto ruido van a convencer a la sociedad que viven un proceso de cambio. Discursos con una oratoria del siglo pasado, frases para el aplauso y arengas para animar al respetable, son elementos que confirman que no hay proyecto de país, que viven en otra realidad y que todavía no aterrizan al México real, que es conducido por un gobierno de izquierda.
Luego de su movilización, los grupos de interés afines a ellos, solo quieren saber si van a romper la mayoría en la Cámara de Diputados federales a Morena, si de los 500 diputados van a lograr el número suficiente para obligar una negociación sobre el presupuesto con el gobierno federal. En la lógica del círculo que ha centralizado el control del partido su objetivo es totalmente diferente; los mueve un fin común que se simplifica a no quedarse fuera de los cargos de elección popular, vía la representación proporcional. Carecen de contenidos para una propuesta de nación, pero ya tienen la lista de los próximos beneficiados de las plazas que tocan al partido, bajo el peor escenario de perder todo. Pierde el PAN, el círculo nunca.
No van a buscar una alianza para ganar, para vencer a Morena, eso ya está demasiado lejos a su capacidad; los arreglos electorales serán para que sobrevivan políticamente los dueños del PAN. Desde luego pregonan a pecho abierto que la sociedad civil se sume al partido, pero si y solo si, los que se adhieren traen votos. Nada que quieran posiciones que ya tienen un destinatario. Que vengan y participen todos los que quieran, si alguno busca una candidatura que sea de mayoría, las otras son un derecho adquirido y no se puede transferir a un recién llegado.
Con una simulación, el PAN se anticipa a la reforma político-electoral de 2026. Se organizan para tener un número de votos suficiente para favorecer al círculo que sigue destruyendo al partido.










