El poder del miedo
En todo régimen de autoridad el miedo juega parte relevante. En un sistema democrático, que ofrece certeza de derechos y una justicia confiable, el miedo es un recurso de control frente a quien quebranta la ley; su presencia es de la mayor importancia porque inhibe conductas antisociales. Quien transgreda entiende que habrá consecuencias.
Situación diferente el miedo de un régimen autoritario. La acción represiva del Estado no se desprende del régimen legal, sino de la discrecionalidad de la autoridad. No es la certeza de derechos, sino la arbitrariedad. El miedo tiene un efecto exponencial porque no es la ley, no es la norma escrita la que define qué está prohibido y permitido, sino la decisión de quién tiene la capacidad para sancionar, situación que se reafirma por la inexistencia de un régimen de justicia confiable.
El miedo en el régimen autoritario tiene su economía; es arbitrario en el sentido de que es discrecional, pero se ejerce, casi siempre, con un sentido demostrativo con el propósito de reafirmar el sistema de autoridad. Su correcta administración abre espacio no sólo a la obediencia, también al consenso, es decir, la adhesión social al régimen. Autoritarismo no está reñido con aceptación, de hecho los gobernantes con mayor acuerdo suelen ser, casi siempre, los menos avenidos a las reglas del juego democrático.
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