El presupuesto que regresa al pueblo
Hay una pregunta que rara vez se formula en voz alta, pero que define la naturaleza misma de un Estado: ¿a dónde van los impuestos que pagamos? Durante décadas, la respuesta en México fue incómoda. Hoy, gracias al rumbo trazado por la Cuarta Transformación y consolidado por la presidenta Claudia Sheinbaum, esa pregunta tiene una respuesta clara, verificable y profundamente humana: regresan al pueblo en forma de bienestar.
Permítanme aterrizar la idea en el territorio que represento. El Estado de México (EMX), con cerca de 17 millones de habitantes, 4.6 millones de viviendas y cinco mil 168 localidades, recibe este año una inversión social superior a los 92 mil millones de pesos, distribuida en 23 programas y pensiones que llegan, mes con mes, a aproximadamente cuatro millones de mexiquenses. Eso significa una derrama económica directa a los hogares de ocho mil millones de pesos cada treinta días. No es una abstracción presupuestal: es comida en la mesa, medicina en el botiquín y útiles escolares en la mochila.
En el Distrito 37, con cabecera en Teoloyucan y que comprende además a Coyotepec, Tepotzotlán, Villa del Carbón y Huehuetoca —430 mil habitantes en 141 localidades—, el impacto es igualmente nítido: alrededor de 90 mil personas son beneficiarias directas de pensiones, becas y programas, con una inversión social anual de dos mil millones de pesos, equivalentes a 166 millones de derrama mensual en hogares de jóvenes, adultos mayores, mujeres y campesinos. Esa es la dimensión real de lo que conquistamos juntos.
Y aquí conviene un argumento analítico, no retórico. Los datos del INEGI, que asumió la medición de la pobreza tras la transición de Coneval, son elocuentes: entre 2018 y 2024, 13.4 millones de personas salieron de la pobreza multidimensional en México; la incidencia pasó de 41.9 a 29.6 por ciento de la población —12.3 puntos porcentuales en seis años— y la pobreza extrema descendió de 7 a 5.3 por ciento. No es una opinión partidista: es la evidencia técnica de que las pensiones para adultos mayores, las becas Benito Juárez, Médico en tu Casa, La Escuela es Nuestra y El Centro de Salud es Nuestro, sumadas al incremento sostenido del salario mínimo, generan efectos redistributivos demostrables. El gasto social funciona cuando se concibe como derecho y no como dádiva.
El contraste con la administración del PRIAN es ineludible. Durante el periodo neoliberal, el gasto social fue residual, focalizado y, con frecuencia, capturado por intermediarios; el Seguro Popular dejó hospitales inconclusos —elefantes blancos documentados por la Auditoría Superior de la Federación— y un padrón de 'afiliados' que, al necesitar atención, descubrían que su credencial no garantizaba nada. Hoy los recursos llegan directo a los hogares, sin intermediarios y con padrones únicos auditables. Esa es la diferencia entre la simulación y la transformación.
Reconozco, en este balance, el liderazgo de la maestra Delfina Gómez al frente del Estado de México (EMX) y el rumbo firme de la presidenta Claudia Sheinbaum, quienes han hecho del bienestar una política de Estado. Como diputado federal por el Estado de México, asumo el compromiso de seguir recorriendo los municipios mexiquenses, atender en territorio las demandas de salud, educación y movilidad, y velar porque cada peso aprobado en San Lázaro se traduzca en dignidad para nuestras familias. Porque al final, lo que antes se quedaba arriba, hoy regresa al pueblo. Y de ahí, no daremos un paso atrás.










