El reverso de la moneda
El mito de las 'lluvias atípicas'
En días pasados hemos recibido en México la bendición de las lluvias. Después de varias jornadas en las que padecimos los rayos inclementes del poderoso astro rey, por fin descansamos un poco y nos refrescamos con gratitud. Pero… siempre hay un pero. Con las lluvias llegó también el desenmascaramiento de la simulación de los gobiernos y su falta de capacidad para atender las necesidades de la población en materia hídrica.
Vivimos en una constante y trágica paradoja urbana: nos inundamos con el agua que nos va a hacer falta apenas unos meses después, evidenciando la nula capacidad de nuestros centros urbanos para captar, almacenar y aprovechar el recurso que cae del cielo (esto debido a las acciones de sus gobernantes).
En otras ocasiones ya hemos hablado de la importancia del agua; como escribí en alguna entrega anterior, nosotros mismos, los seres humanos, somos agua. Sin embargo, si bien el agua es vida, también nos causa muchos conflictos en la cotidianidad cuando no estamos preparados para su bondadosa llegada.
En las ciudades, el sistema de drenaje es tan fundamental como la red de abastecimiento de agua potable; las vías por las cuales desechamos el agua sobrante o residual son una pieza clave de la infraestructura urbana. Existe un dicho que comúnmente repiten los políticos en campaña como si fuera un mantra, buscando evidenciar a los malos servidores públicos: “a otros políticos no les gusta invertir en el drenaje porque son obras que no se ven, pero yo sí realizaré obras aunque no sean visibles”. Se llenan la boca con estas palabras, pero, al final, en los pueblos, comunidades y ciudades de nuestro país, la infraestructura subterránea siempre pasa a segundo término por una razón perversa: lo que se entierra no genera votos. Si bien no se debe generalizar, sí es una constante en la mayoría de los centros urbanos.
Un año más, las lluvias han llegado y, con ellas, un discurso trillado para justificar la inoperancia. Ante las desgracias que provocan las precipitaciones, los gobiernos culpan a las ya famosas 'lluvias atípicas'. Es decir, justifican que todo está bien, que han realizado obras para atender este tipo de situaciones, pero que no esperaban que las tormentas fueran tan fuertes. El problema es que esto sucede todos los años; creo que ya deberían considerarse muy 'típicas'. Incluso existe una canción escrita hace más de 70 años en la cual se culpa a estos aguaceros de una infidelidad (Los aguaceros de Mayo), y ahora los políticos modernos los culpan para lavarse las manos y evadir su responsabilidad civil.
La realidad es que las administraciones olvidan la relevancia de estas obras. Entendiendo el impacto que tiene el agua en la vida de las personas, este debería ser uno de los aspectos más importantes a observar siempre. Pero no es así: el agua es utilizada incluso como un botín político, y el derecho humano que tenemos todos a acceder a este recurso vital pasa a ser una herramienta más de control político y social sobre la población, además de un lucrativo negocio.
Cuando era pequeño, los adultos ya decían: “Las próximas guerras serán por el agua”. Y, efectivamente, así es. Una guerra constante por el acceso a este recurso se da todos los días; la sobreexplotación de los mantos acuíferos, la inadecuada gestión de las cuencas hidrológicas y la contaminación constante de los cuerpos de agua tienen como consecuencia el acaparamiento de este recurso tan indispensable.
El año pasado, en 2025, se aprobó en México una nueva Ley General de Aguas, ordenamiento que ya hemos referido en este espacio y que intenta regular y normar las múltiples implicaciones que existen alrededor de este valioso recurso. Entre sus puntos más relevantes destacan:
- El agua como derecho humano: se establece constitucionalmente que el agua no es una mercancía ni un negocio, priorizando el consumo personal y doméstico sobre el uso industrial o agrícola.
- Fin a la especulación de concesiones: se elimina la transferencia de derechos de agua entre particulares y el cambio de uso de suelo original sin la autorización expresa por parte del organismo responsable.
- Revocación por subutilización: toda concesión que no se utilice para los fines autorizados será retirada por la autoridad. Además, se imponen obligaciones más estrictas para las descargas de aguas residuales y su tratamiento.
- Protección a productores agrícolas: se establecen lineamientos para evitar el acaparamiento, pero se garantiza el derecho de sucesión para que los derechos de agua acompañen la herencia de las tierras agrícolas.
- Garantía de suministro: se prohíbe el corte total del suministro de agua para consumo humano en los hogares, garantizando un mínimo vital.
El verdadero 'reverso de la moneda' estalla justamente aquí: el papel aguanta todo, pero la aplicación de esta ley y sus normas reglamentarias no puede avanzar sin una fiscalización real del Estado frente a los intereses creados, y sin la participación decidida y respetuosa de todos los ciudadanos. Cuando al fin comprendamos que el cuidado de este recurso es cuidar la vida misma, entonces habremos entendido que, efectivamente: 'somos agua'










