
Laura Itzel Castillo, electa presidenta de Mesa Directiva del Senado
De cargadoras a gobernantas: cambio de roles en la nueva historia
Hace un año, México cambió para siempre. Por primera vez en su historia, una mujer gobierna el destino de este pueblo de maíz. Este hito no fue una casualidad; es el resultado de la lucha de muchas mujeres que, antes de que las dos principales fuerzas políticas postularan candidatas, ya libraban batallas por ser reconocidas y valoradas.
Las mujeres, sin lugar a duda, son las que cargan el mundo. Recuerdo una famosa escultura que se hizo viral en internet, en la que se representa a una mujer cargando enseres domésticos y atendiendo a sus hijos al mismo tiempo. Esta imagen, tan poderosa, es fiel a la realidad. A lo largo de la historia, las mujeres han sido cargadoras: llevan a sus hijos en el vientre y los cargan en brazos mientras los amamantan y les cantan canciones de cuna, cuidan y cargan dulcemente a los familiares enfermos o ancianos, y también cargan y sostienen emocionalmente a toda la familia. Cargan con las mochilas de los niños y las bolsas del mercado, pero también con los prejuicios de un mundo machista que, día tras día, las juzga, las humilla y vulnera sus derechos.
No siempre fue así. Hubo civilizaciones que valoraban a la mujer en su justa dimensión, incluso sociedades matriarcales donde ellas dirigían. Estoy convencido de que eran sociedades más justas y amorosas. Sin embargo, en algún momento, eso cambió y, en la civilización occidental, el machismo ha prevalecido durante mucho tiempo.
Por supuesto que han existido millones de mujeres que se han enfrentado a este modelo de sociedad. Desde la maravillosa y brillante Marie Curie hasta la impresionante María Montessori, pasando por figuras clave como Cleopatra, Malintzin, Juana de Arco y Sor Juana Inés de la Cruz. No olvidemos a Simone de Beauvoir, a las soldaderas y a las patronas. Y, sobre todo, no olvidemos a Rosa, la de la tiendita; a Lupita, la de las quesadillas; a la profesora de nuestra niñez, a las científicas, doctoras, enfermeras, amas de casa y activistas. Juntas, estas grandes mujeres y las millones de heroínas anónimas han cargado este mundo para hacerlo un lugar mejor.
Sin llevar este análisis al ámbito del feminismo, y opinando solamente desde una posición de apoyo, escucha y aprendizaje de este fenómeno, me enfoco en cómo, en épocas recientes, el machismo en nuestra sociedad se ha hecho más visible y está empezando a cambiar. Los espacios de poder en el gobierno son cada vez más para las mujeres. Los gobiernos paritarios ya son una realidad; tenemos más presidentas en congresos locales y federales, más ministras que nunca. Y ni hablar del número creciente de gobernadoras y presidentas municipales, secretarias de Estado y funcionarias de primer nivel. Esto se ha traducido en un gobierno más humano, más sensible, más eficiente y, por supuesto, más honesto.
Aunque este cambio es incipiente y queda mucho camino por recorrer, el techo de cristal ha comenzado a romperse. Ahora, la sociedad debe asumirlo y los hombres debemos adoptar decididamente los conceptos de las nuevas masculinidades, que no buscan eliminar la masculinidad, sino redefinirla para que sea más saludable y equitativa para todos, y de la misma forma, actuar en todos los ámbitos en consecuencia.
Sus características clave son:
Rechazo a la violencia: se rompe con la idea de que la fuerza y la agresión definen al hombre.
Corresponsabilidad: se promueve la participación activa en las tareas del hogar y en el cuidado de la familia.
Gestión emocional: se invita a los hombres a expresar sus sentimientos, dejando de lado el mandato social de ser duros.
Horizontalidad y respeto: se apuesta por relaciones justas y se respeta la diversidad de todas las personas.
En resumen, las nuevas masculinidades representan un cambio cultural que busca liberar a los hombres de los roles de género restrictivos que también los limitan. Con este enfoque, podemos construir una sociedad más igualitaria y justa para todas las personas. Que nuestro país siga evolucionando, que revaloremos el papel de las mujeres en la conducción de los destinos de la sociedad y en el futuro de la humanidad.
"No se nace mujer, se llega a serlo." — Simone de Beauvoir.