El reverso de la moneda / La sabiduría del silencio
Por qué la memoria de nuestros mayores debe ser política pública
Hace algunos días, una lectura me atrapo. Era un artículo de The New York Times que nos recordaba la urgencia y la belleza de escuchar a nuestros adultos mayores. Pensé de inmediato en las fiestas navideñas que se acercan, ese tiempo mágico donde el reloj parece detenerse. Es el momento perfecto para seguir ese consejo y acercarnos a quienes han caminado antes que nosotros; les aseguro que la satisfacción que obtendremos será un bálsamo para el espíritu.
Los autores de aquel texto abordaban un tema tan profundo como la tanatología, viendo este acto de escuchar no como una simple plática, sino como un proceso sagrado. En él, la persona mayor es reconocida, honrada y, finalmente, deja el regalo más grande: su legado. Es un tesoro de recuerdos, una ventana al pasado que se abre solo para nosotros, permitiéndonos pasar un tiempo que no se mide en minutos, sino en la calidad profunda de un encuentro.
Recordemos que el respeto por la experiencia es tan antiguo como la humanidad misma. En las antiguas civilizaciones, existían los consejos de “viejos sabios”. Ellos no eran meros espectadores; eran la voz consciente, la conciencia colectiva que orientaba a la comunidad. Cuando el camino se ponía oscuro y la incertidumbre dominaba, su sabiduría era fundamental para la toma de decisiones.
En casa, este eco resuena en nuestros abuelos. Ellos nos han entregado la vida. Aunque a veces parezcan silenciosos, observando y escuchando como esa famosa trilogía ancestral, llevan el mapa de la vida grabado en el corazón. Ellos ya han navegado tempestades, ya han conocido la derrota y la victoria, y su silencio a menudo es una reserva de consejos puros, esperando el momento justo. Su mayor deseo es que evitemos el dolor que ellos conocieron, y esa intención es el amor más incondicional.
Este valor incalculable de la experiencia no es exclusivo del hogar. En la administración pública, esos compañeros con décadas de servicio son el verdadero engranaje del Estado. Muchos, incluso cumpliendo la edad de retiro, siguen aportando sus conocimientos y destreza. Son la memoria institucional, los relojeros expertos que saben exactamente qué tuerca está floja en esa gran maquinaria gubernamental. Sin estos maestros, el conocimiento institucional de una generación se evaporaría sin dejar rastro.
Incluso en el ámbito privado, el éxito se basa en esta misma premisa. Los poderosos consejos de administración de las grandes empresas, llenos de "tiburones" con visión, demuestran que la experiencia acumulada maximiza la ganancia, y el modelo funciona.
Esto nos lleva a una reflexión urgente: ¿Y si volviéramos a esos modelos de consejos de sabios en los órganos que diseñan y evalúan nuestras políticas públicas? No en el campo de la lógica política y partidista de los legisladores, sino en el noble terreno de la rendición de cuentas. Imaginen el valor de Consejos Ciudadanos conformados por personas mayores evaluando la pertinencia y el impacto de nuestras acciones públicas. Es solo una semilla de idea para germinar el debate sobre el gobierno abierto y la transparencia.
La sabiduría ancestral es nuestro legado más preciado. Es el resultado de un trabajo colectivo, un cúmulo de aprendizajes marcados por sangre, sudor y lágrimas. Es la prueba irrefutable de la evolución y de la resistencia humana. Es el deseo más puro y honesto de nuestros mayores de vernos prevalecer.
En estas fiestas, por favor, escuchemos de verdad a los adultos mayores. Dejemos las preguntas que siempre hemos querido hacer volar en el aire, generemos esas conversaciones enriquecedoras que nos definen. Valoremos profundamente esos momentos, porque la vida sigue su curso implacable y, al final, en este mundo solo somos viajeros de paso. Lo único que permanece, lo único que nos hace inmortales, son los recuerdos que creamos juntos.
A continuación, incluyo algunos de los consejos que los expertos que escribieron el artículo del NYT (Alexander Craft., Dana G. Smith) recomiendan:
Para empezar, elija un momento y un lugar tranquilos en los que ninguno de los dos se distraiga. Mantener un ambiente informal puede ayudar a la persona a abrirse, y utilizar su celular para grabar el audio puede resultar menos intrusivo que un video.
Una vez instalados, aquí encontrará una lista de preguntas para iniciar la conversación y mantenerla fluida:
- ¿Alguna vez se metió en problemas cuando era niño?
- ¿Tiene algún talento secreto?
- ¿Cómo fue la primera vez que recuerda haber visto la nieve o el océano?
- Pídale también que cuente una historia sobre sus padres y abuelos
- ¿Cómo era el dormitorio de su infancia?
- ¿Cómo era una típica mañana de sábado o domingo cuando crecía?
- ¿Cuál fue uno de sus viajes favoritos?
- ¿Cómo fue votar por primera vez?
- ¿De qué se siente más orgulloso/a?
- ¿Hay algo de lo que se arrepienta?
- ¿Quiénes fueron los amores de su vida?
- ¿Cuáles han sido sus mayores decepciones?
- ¿Cuál sería el mejor consejo que me podría dar?
- ‘Cuénteme otra vez esa vieja anécdota’
“No importa lo torpe, cohibido o descuidado que pueda ser o parecer la entrevista”, “Estará más agradecido por haberlo hecho que por no haberlo hecho”.










