El ruido del escándalo y el silencio de lo relevante
El riesgo de abordar un tema complejo es la imposibilidad de agotarlo en una columna de opinión. Sin embargo, parece necesario asumir ese riesgo al ver el caos noticioso en el cual estamos inmersos.
Las noticias provienen de distintas fuentes. Unas veces se configuran de agendas con el propósito de posicionar un tema o un suceso ante la mirada de la sociedad; en otras ocasiones una larga investigación periodística pone en el centro del debate una situación ya sea por tratarse de un escándalo o porque tiene algo de sorprendente. No sabría explicar bien las razones, pero hay una tendencia a prestar atención a las anomalías y un pertinaz silencio sobre las cosas buenas.
Una nota llama la atención por contar algo capaz de suscitar la curiosidad de muchas personas. Puede deberse a estar centrada en una celebridad de quienes muchos quieren saber más, de las acciones de una persona con gran poder o posibilidad de transformar con sus acciones o palabras su entorno.
En algunos momentos la persistencia de una realidad hace que sea imposible no hablar de ella, pero curiosamente la presencia constante de algo provoca que deje de ser noticia. El periodismo tiende a contar una historia y trata de explotarla mientras sigue despertando el interés de sus lectores. El consumo voraz de información y la búsqueda de aprobación pública exigen periodistas dispuestos a alimentar constantemente esa curiosidad. Esta dinámica desplaza realidades cruciales para dar espacio a temas absolutamente irrelevantes. La tinta se gasta en información que se desvanece. El periodismo se vuelve entretenimiento.
De entre las noticias podemos observar algunas cuyo propósito es distraer la atención y ocultar realidades más incómodas. La información también está secuestrada por intereses particulares. Abundan quienes pagan para disfrazar propaganda de noticia, y quienes no tienen reparo en filtrar datos para fustigar a un contrincante, arruinar una carrera o mostrar su capacidad de daño.
No todo lo que se publica se ajusta necesariamente a la verdad. A veces se dan por verdaderas situaciones jamás acontecidas: hay quien calumnia con facilidad y quien sin ética revela secretos respecto de los cuales debería guardar sigilo judicial o personal. ¡Cuántas veces las noticias se alimentan del silencio de quien debería hablar y la locuacidad de quien tendría que callar!
Me inquieta constatar la facilidad con la que se omiten datos relevantes. Información que o bien queda hundida sin suscitar el interés de muchos, pero que tiene una importancia capital o bien en el olvido provocado para evitar algunas consecuencias o conseguir ventajas.
Junto a los datos capaces de ilustrar una coyuntura, hay otros muchos cuya difusión podría contribuir a tener una mejor calidad de vida o tomar mejores decisiones de los que raramente se hablan. ¿Cuántas enfermedades crónicas podrían contenerse con una adecuada prevención? ¿Cómo podrían evitarse situaciones de desamparo con una mejor formación?
Ahora con internet, donde cada uno puede erigirse en portavoz, la maraña se vuelve más compleja y eso exige responsabilidad tanto de editores como de lectores. Vivimos un periodo histórico donde abundan los datos y se carece de la información más elemental.
Considero que el principal propósito del periodismo es dar cuenta del acontecer diario, sin embargo, no se puede renunciar a modelar la sociedad deseada. El papel de la información no puede reducirse a un simple recuento de los hechos, también se requiere ser un incitador de rumbos o contribuir con datos a provocar una reflexión de la que pueda aprenderse. Algunos lo conciben como un cuarto poder capaz de arbitrar conductas y revelar lo oculto. El peligro es abusar de las fuentes anónimas y volverse altavoz de oscuros intereses. ¿Cuál será la relación entre los informantes periodísticos y la figura de testigo protegido?
La historia busca contarnos lo acontecido en otros tiempos. El periodismo intenta decirnos lo que pasa y darnos un contexto para entenderlo. La historia y el periodismo tienen la capacidad de contribuir a entendernos. Son extraordinarios aliados para diseñar mejor el futuro. Se requiere contar también lo bueno, de otro modo pareciera que el principal protagonista de la existencia es todo lo que sale mal.
¿No le parece?










