El temblor, Voltaire y los tropezones

Luis Acevedo Pesquera

No habían pasado ni cinco minutos en que mientras afilaba el cuchillo para que al picar la cebolla no provocara ese molesto lagrimeo que enceguece, cuando por alguna razón empezamos a platicar de los autócratas modernos y que suena la alarma sísmica. La sorpresa nos invadió, nos miramos a los ojos, tomamos las llaves de la casa, la cartera y salimos presurosos. Mientras sonaba la alarma, escudriñamos sin ver ni sentir nada, por lo que regresamos a lo que habíamos dejado pendiente y fue entonces cuando el piso se agitó y juntos dijimos con angustia: ¡ahora sí, se mueve!

En la carrera hacia la puerta, las lámparas colgantes se balancearon con mejor ritmo que los árboles de la calle mientras los perros vecinos intercambiaban impresiones con sus ladridos.

Ya en la calma, nos dimos cuenta de que habíamos salido sin cubrebocas, precisamente cuando estamos en la cumbre de los contagios y –deja eso- de las muertes. Retomamos la conversación: primero de los temblores y continuamos con lo de los autócratas.

Vino entonces el golpe de memoria.

“El sábado 1 de noviembre –día de Todos los Santos– de 1755 un terremoto destruyó a la ciudad de Lisboa. Se dice que duró cerca de 10 minutos y que, horas después del primero, hubo dos réplicas devastadoras”.

Voltaire que, paradójicamente fue uno de los más duros críticos de la tiranía, la ignorancia o las supersticiones, escribió sobre la tragedia de Lisboa y Cándido, que también se basa en el terremoto para criticar a los gobernantes que consideran que con el simple optimismo de sus acciones el país mejora.

Precisamente en su historia de Cándido, Voltaire muestra que no es culpando al pasado ni suponiendo que basta pensar en el optimismo, como se puede construir un mundo maravilloso cuando se trabaja para dividir a la sociedad.

Por si fuera poco, Voltaire que es el creador del Tratado de tolerancia que sería la semilla de la Declaración de los Derechos Humanos, de la que salió la Revolución Francesa con aquello de la igualdad, la justicia, la separación de la iglesia y el estado, el liberalismo -dijera ya saben quién-, y la modernidad política, vino a la memoria precisamente cuando en México se desprecia a la Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) por no atender los caprichos soberanos.

Y que retiembla en su centro la tierra y todos nos sorprendimos. Algunos más que otros y nos volvimos a buscar y nos encontramos, que para eso sirve la tecnología, con todo y sus memes. 

Lo que antes tomaba horas, ahora es en cuestión de segundos y quisiéramos que los acontecimientos naturales fueran como alguna vez escuché que los consideraban los antiguos mexicanos.

Ellos creían que el sol y las estrellas, con los planetas incluidos, caminaban bajo la tierra mientras se hacía de día o de noche y por eso creían que un temblor no era más que un tropezón de la tierra con el sol, como cuando el sol se oculta en el horizonte.

@lusacevedop