El hubiera en la primera mitad de 2020

Luis Acevedo Pesquera

Pues sí, el hubiera es la tercera persona del singular del pretérito perfecto de subjuntivo del verbo haber. 

Aunque da igual lo que significa gramaticalmente porque generalmente sirve para plantear hipótesis inciertas o para hacer afirmaciones irreales como la que se soltó en una mañanera para decir que en unas cuantas semanas la economía mexicana estará mejor que antes de la pandemia del coronavirus y que el empleo se recuperará, hasta con creces porque “vamos bien”.

Eso pudo ser si no se hubiera atravesado el Covid 19, si no se hubieran cambiado las reglas para la inversión privada en el país ni se hubiera agravado la inseguridad o si, de cara al confinamiento, el presidente López Obrador hubiera planteado una estrategia amplia como el New Deal para resguardar a la economía formal de la misma manera con la que priorizó brindar ayuda pública a la informalidad y si también la mayoría legislativa en el Congreso entendiera que la transformación nacional necesariamente pasa por la unidad de todos los ciudadanos.

Pero es claro que como de esto no hay, mucho menos el hubiera.

Y es que, si el uso del pluscuamperfecto de subjuntivo es un problema ortográfico cuando las circunstancias están condicionadas, lo es más cuando desde la ignorancia política se elude la realidad económica con discursos optimistas sin la más remota idea de cómo construir acciones condicionales con tiempos compuestos.

Así, si 2019 fue un año perdido desde la perspectiva económica y social 2020 no será el año que todos hubiéramos deseado.

Más allá de los efectos del coronavirus y del avance de la inseguridad por efectos de la delincuencia organizada, al cierre del primer semestre los datos no dejan espacio para el optimismo.

Veamos algunos indicadores clave.

En materia de crecimiento, el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), que equivale a un adelanto del PIB arrojó en abril un desplome de -19.7 por ciento en términos anuales y superó todas las caídas anteriores de la serie, incluso la previa variación mínima en octubre de1995 que fue de -10.3 por ciento. Para dimensionar este dato, es un retroceso de la actividad productiva nacional de 25 años.

Por cuanto a la generación de divisas mediante el intercambio de mercancías con el exterior, arroja un saldo deficitario por -2 mil 888 millones de dólares en la Balanza Comercial durante los primeros cinco meses de 2020, luego de dos meses consecutivos con resultados negativos del orden de -3 mil 087 millones de dólares en abril y -3,523 millones en mayo.

Las importaciones totales de mercancías tuvieron una caída de -18.4 por ciento en mayo y las exportaciones se desplomaron -20.6 por ciento en mayo, con lo que también extendieron la fuerte contracción de abril.

Pero en materia de empleo la información del INEGI es desoladora.

Solo durante los meses del confinamiento, el personal ocupado en todos los sectores económicos disminuyó -3.7 por ciento en abril, respecto de marzo y -4.8 por ciento a tasa anual. Por lo que se refiere a los trabajadores en establecimientos maquiladores la caída fue de -2.1 por ciento en abril respecto del mes anterior, lo que además produjo una sensible caída en horas trabajadas fue considerablemente mayor del orden de -32.6 por ciento, que resta competitividad al país.

Pero en términos nacionales la situación del empleo en mayo no sustenta optimismo alguno: Ya hay un millón de desempleados en el mercado formal de la economía.

En mayo, segundo mes de confinamiento, se observó una ligera disminución en la tasa de desocupación general comparada con el dato de abril al pasar de 4.7 a 4.2 por ciento, pero también un aumento en la de subocupación que aumentó de 25.4 a 29.9 por ciento y de informalidad laboral que llegó a 47.7 por ciento; con ello, la población ocupada en condiciones de informalidad laboral aumentó de 20.7 a 22.6 millones de personas para representar 51.8 por ciento de la población económicamente Activa (PEA), que susceptibles de ser incorporados a los esquemas asistencialistas del gobierno o a las filas de la pobreza.

Por si fuera poco, los ingresos fiscales federales hasta mayo son 3.1 por ciento menores con respecto a 2019, según informó la Secretaría de Hacienda y estableció que el deterioro no fue mayor gracias a los ingresos tributarios que crecieron 2.1 por ciento, por efecto de las declaraciones fiscales anuales, pero los petroleros se muestran una caída de 47.3 por ciento.

Es importante indicar que, de enero a mayo, los ingresos petroleros registraron una caída de 47.0 por ciento respecto al mismo periodo de 2019, que equivale a una disminución de 157 mil millones de pesos y que confirma no solo la inviabilidad del plan energético establecido por la Cuarta Transformación, sino que los ingresos públicos no serán suficientes para financiar los programas asistencialistas del gobierno que, en los meses siguientes estarán sujetos a una fuerte demanda popular.

Por el lado empresarial, Banco Famsa no puede operar más y Aeroméxico busca enfrentar su crisis para poder volar.

Aquí es donde cae el hubiera. 

Porque si el presidente López Obrador hubiera entendido que el valor del presidente Roosevelt, a quien lanzó loas en abril cuando presentó su plan de reactivación económica frente a la pandemia, es por su New Deal que si lo hubiera copiado la expectativa sería diferente. Pero se prefirió insistir con el Tren Maya, el Aeropuerto de Santa Lucía y la refinería de Dos Bocas.

El hubiera no existe. Pero de haber hecho las cosas diferentes, el panorama económico a la mitad de 2020 es complejo y con un mercado laboral marcado por la pobreza.

@lusacevedop