Con el dolor en los bolsillos

Luis Acevedo Pesquera

Cuando todavía la sociedad mexicana no alcanza a entender qué puede significar domar la curva de la pandemia y vemos cómo cada día crece el número de contagiados y muertos por un virus del que nos aseguran que ya está controlado, en las mesas de los hogares se empieza a vivir un fenómeno desesperanzador porque los alimentos se encarecen o empiezan a faltar.

La sorpresa crece porque en mayo el país vivió una etapa de cuarentena en la que se registró el efecto de detener la producción industrial y la mayoría de las actividades relacionadas con los servicios, con excepción de los del sector financiero.

Aún así, la inflación durante mayo fue de 0.38 por ciento, un nivel reducido y que aún al anualizarlo apenas llega a 2.84 por ciento, una tasa inferior al objetivo de 3.0 por ciento establecido por el Banco de México para 2020, pero que resulta engañosa.

¿Qué pasó? ¿Por qué las familias sienten que el dinero no les alcanza si han estado encerradas en casa y aparentemente han gastado menos?

Según el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), tres de los principales rubros que reflejan la evolución de la inflación en el país, si bien no rebasaron la meta anual de 3.0 por ciento, revirtieron la tendencia decreciente de este indicador.

Durante mayo los productos no alimenticios aumentaron 1.88 por ciento con relación al mes anterior; los servicios avanzaron 2.93 por ciento y la llamada inflación no subyacente, que incluye precios muy volátiles como los de algunos bienes agropecuarios, energéticos y las tarifas que autoriza el gobierno, también subieron 0.35 por ciento.

Pero fueron los alimentos se encarecieron 6.58 por ciento durante mayo, uno de los niveles más altos observado en los últimos meses y detrás de ellos, las gasolinas.

Otro agravante para el declinante poder de compra de las familias fue el índice de precios de la canasta básica que aumentó 0.52 por ciento en el mes y 1.21 por ciento en el año. En el mismo mes de 2019 las cifras correspondientes fueron de menos 1.01 por ciento mensual y de 4.23 por ciento anual.

Por productos, los tres que más se encarecieron durante mayo fueron la gasolina de bajo octanaje (8.11 por ciento), el gas doméstico (2.09 por ciento) el jitomate (27.93 Por ciento), chayote (70.78 por ciento), naranja (22.52 por ciento) y la cerveza (5.26 por ciento); mientras que en función del programa de reducción de tarifas eléctricas por la temporada de calor aplicado en 11 ciudades del país, se redujo (-21.28 por ciento) el precio de la electricidad, además de que bajaron los precios del huevo (-10.21 por ciento) y el pollo (-3.05 por ciento).

Para dimensionar el efecto de los precios en los bolsillos de los trabajadores formales vale la pena indicar que el ingreso laboral real por persona se desplomó 15 por ciento solamente durante el primer trimestre de 2020.

Y para lo que resta del año el panorama no es alentador para el consumo ni para el empleo, ya que la producción industrial en abril se derrumbó -29.6 por ciento a tasa anual, debido al confinamiento impuesto por la pandemia del coronavirus, con lo que esta caída resulta ser histórica ya que el mínimo más cercano se registró hace casi un cuarto de siglo, en marzo de 1996.

Todos los componentes de la industria mexicana cayeron, especialmente las manufacturas con (-)30.5 por ciento, en medición mes a mes, y construcción con (-)32.8 por ciento.

En medición anual, las empresas industrias más afectadas por el confinamiento sobresalen las dedicadas a la fabricación de productos de cuero y piel con caída de (-)86.9 por ciento; equipo de transporte (-)85.3 por ciento, prendas de vestir (-)77.9 por ciento y de insumos textiles (-)77.8 por ciento.

Si agregamos lo ocurrido en el sector turístico, el panorama es desgarrador porque en abril, durante el confinamiento, ingresaron a México apenas 2.2 millones de visitantes extranjeros, cantidad que representa una caída vertical de (-)72.4 por ciento comparado con abril 2019 y el gasto medio ascendió a 58.90 dólares, menor en (-)77.3 por ciento en el mismo período.

La inflación en los bienes indispensables para la alimentación de los hogares mexicanos y el desplome tanto del sector industrial como del turismo resultan alarmantes porque afecta más a quienes tienen los ingresos más bajos, pero es una señal perturbadora para los más de 12 millones de trabajadores formales e informales que han perdido sus empleos y que, al no existir un plan nacional de rescate económico, no solamente no hay certidumbre de que recuperen sus fuentes laborales, sino que, su horizonte es de empobrecimiento acelerado.

Así, mientras la estructura productiva nacional se desmorona, el impulso gubernamental privilegia en obras que serán incapaces de resolver la emergencia y que tampoco resolverán la pobreza ni el bienestar de las mayorías que viven con el dolor creciente en los bolsillos.