Estetoscopio político: donar para salvar
Cada 14 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Donación de Órganos y Tejidos, una fecha que nos invita a reflexionar sobre la importancia del altruismo, la solidaridad y la empatía como valores fundamentales para salvar vidas. La donación representa una oportunidad para miles de personas que enfrentan enfermedades graves y cuya esperanza de recuperación depende de recibir un trasplante. Un solo donante fallecido puede beneficiar a varias personas mediante la donación de órganos y tejidos, transformando el dolor de una pérdida en una nueva oportunidad de vida.
En México, la donación de órganos continúa siendo un importante desafío de salud pública que exige mayor conciencia social, confianza institucional y participación ciudadana. De acuerdo con los datos consultados en el Registro Nacional de Trasplantes del Centro Nacional de Trasplantes (CENATRA), 17,938 personas se encontraban en lista de espera para recibir un trasplante. De ellas, 15,902 necesitaban un riñón, 1,772 una córnea, 223 un hígado y 20 un corazón, además de quienes requerían otros órganos o combinaciones de órganos. Detrás de cada cifra existe una persona, una familia y una historia que espera una oportunidad para recuperar la salud o continuar viviendo.
La actividad médica en nuestro país demuestra la importancia de fortalecer los programas de donación y trasplantes. De acuerdo con información presentada por autoridades sanitarias en septiembre de 2026, durante 2025 se realizaron 6,522 trasplantes en México. Por su parte, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) informó que efectuó 3,519 trasplantes durante ese año, entre ellos 1,478 de riñón, 1,417 de córnea, 63 de hígado, 28 de corazón y tres de pulmón, además de 530 procedimientos de células troncales hematopoyéticas.
La necesidad de fomentar una cultura de donación también puede comprenderse mediante la comparación internacional. Según información publicada por UNAM Global, México registró en 2017 una tasa de 3.9 donantes fallecidos por cada millón de habitantes, frente a 47 en España y 18.9 en Uruguay. Aunque se trata de cifras históricas y no de tasas actuales, muestran los retos que nuestro país ha enfrentado para incrementar la disponibilidad de órganos. La desinformación, el temor, las creencias culturales, la desconfianza institucional y la falta de diálogo familiar pueden convertirse en barreras que impiden que la voluntad de donar se traduzca en una oportunidad para salvar vidas.
Al respecto, una investigación de la psicóloga María Luisa Marván Garduño, del Instituto de Investigaciones Psicológicas de la Universidad Veracruzana, exploró las razones por las que algunas personas rechazan la donación después de la muerte. El estudio encuestó a 807 habitantes mayores de 18 años de Xalapa, Veracruz, de los cuales 218 manifestaron no estar dispuestos a donar sus órganos. Entre los principales motivos de rechazo destacó la desconfianza relacionada con la corrupción. Asimismo, entre las personas mayores de 65 años se identificó la percepción de que la donación podía contravenir sus creencias religiosas.
Estos hallazgos evidencian la importancia de escuchar a la población, atender sus inquietudes y proporcionar información clara sobre los procedimientos médicos, los mecanismos de asignación de órganos y las garantías legales existentes. También es necesario evitar generalizaciones sobre las creencias religiosas. La Iglesia católica reconoce la donación como una expresión de caridad y solidaridad; el papa Juan Pablo II, en su encíclica Evangelium Vitae, número 86, destacó su valor como una manifestación de amor y entrega generosa hacia los demás. Por tanto, el diálogo respetuoso y la información confiable son esenciales para que cada persona tome una decisión libre y consciente.
La familia desempeña un papel fundamental en este proceso. Manifestar durante la vida el deseo de donar y comunicarlo oportunamente a nuestros seres queridos puede contribuir a reducir la incertidumbre y facilitar que se conozca y respete nuestra voluntad. Hablar de donación no significa anticipar la muerte ni renunciar a la esperanza; significa reconocer que la solidaridad puede ofrecer nuevas oportunidades a quienes padecen enfermedades que ponen en riesgo su vida. Esta decisión debe adoptarse de manera libre e informada, respetando la autonomía individual y procurando que los procedimientos se desarrollen con transparencia y apego al marco legal vigente.
Hablar de donación es hablar de vida, esperanza y trascendencia. Incluso ante la pérdida irreparable de un ser querido, puede surgir la posibilidad de que otra persona continúe viviendo, abrace nuevamente a su familia, cumpla sus sueños y recupere su proyecto de vida. La muerte forma parte inevitable de nuestra existencia, pero el legado de una persona puede permanecer más allá de su ausencia física.
Donar no significa únicamente entregar un órgano o un tejido; significa ofrecer esperanza, transformar el dolor en solidaridad y convertir una decisión personal en una oportunidad de vida para los demás. Promover la donación es, en esencia, defender el valor de la vida y reconocer que un acto generoso puede trascender nuestra propia existencia.






