Estetoscopio político: ante ébola y hantavirus, México está a la altura
En las últimas semanas, el mundo se ha conmocionado con noticias disímbolas en su cobertura, las alertas epidemiológicas por dos virus que el mundo conoce y estudia desde hace décadas pero que se han atendido de manera por decirlo de algún modo “diferente”.
Los hantavirus se conocen formalmente desde principios de la década de 1950. El primer descubrimiento científico ocurrió durante la Guerra de Corea, la tasa de mortalidad del hantavirus varía drásticamente según la región y la cepa del virus. En América causa el síndrome cardiopulmonar y tiene una letalidad muy alta, oscilando entre 20 y 50 por ciento mientras en Europa y Asia causa la fiebre hemorrágica con síndrome renal, la cual tiene una tasa de mortalidad mucho menor, generalmente entre 1 y 15 por ciento.
Por su parte, el ébola comenzó en 1976 con dos brotes simultáneos en Sudán y la República Democrática del Congo. El virus se originó en la naturaleza, probablemente a través de murciélagos, y ha causado epidemias devastadoras. La tasa de mortalidad promedio del virus del Ébola ronda el 50 por ciento, aunque históricamente ha oscilado en un rango amplio de entre el 50 y el 90 por ciento dependiendo de la cepa viral específica.
Mientras que el ébola ha matado más de 16 mil personas desde su descubrimiento, con el hantavirus no se tienen cifras oficiales, pero mediáticamente el crucero con turistas europeos que resultaron con un contagio producido en un viaje a Sudamérica ocupa los principales encabezados, mientas el Ébola ha cobrado en este brote 131 muertes y más de 500 casos confirmados y alertando de manera tardía ya que únicamente se concentran en el África subsahariana.
Con estos datos no queremos desestimar la gravedad de uno u otro, ambos brotes son una cuestión de alerta sanitaria relevante, y es ahí donde los sistemas de salud deben preparar protocolos que permitan contener la propagación y los contagios masivos; el ejemplo más sensible lo tenemos aún presente en la memoria reciente con la pandemia de COVID-19 que enfrentamos como humanidad y fue el aliciente para estar preparados ante un reto de esa magnitud.
El gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum ha respondido de manera temprana activando los protocolos necesarios para estar preparados ante una situación global ya que la Secretaría de Salud emitió el aviso epidemiológico relacionado al hantavirus y el ébola.
El Dr. David Kershenobich explicó en la conferencia mañanera las medidas a tomar para la salud pública sobre todo con la justa mundialista en puerta, siendo un factor importante ya que se prevé el arribo masivo de visitantes extranjeros por lo que exige, que nuestro país esté preparado para atender en el contexto internacional una situación de emergencia, este no es un caso desconocido, ya que en plena pandemia de COVID-19, se llevaron a cabo los juegos olímpicos de Tokio 2020, con un retraso de un año para garantizar la seguridad sanitaria, recibiendo a millones de turistas para contemplar el torneo.
México dará ejemplo de responsabilidad y su conocida calidez de anfitrión al mundo, seguros de que estamos preparados gracias a un sistema de salud que se ha recuperado desde el abandono a crecer en más de nueve mil camas de hospital en siete años, de recibir hospitales en obra negra a inaugurar y rehabilitar más de un centenar de unidades médicas y hospitales a través de un esquema que incluye obras nuevas y la conclusión de instalaciones previamente abandonadas.
Con base a lo anterior surge la siguiente reflexión: ante la cercanía de un evento deportivo de gran trascendencia que atraerá a miles de visitantes extranjeros, lo más inteligente que podemos hacer como sociedad es no caer en el miedo, sino en la preparación informada. El pánico desinformado ha sido, históricamente, tan dañino como los propios virus.
La respuesta del gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum (activar protocolos epidemiológicos y emitir avisos oportunos) es una señal de madurez institucional. Pero la responsabilidad también es individual: estar atentos a fuentes oficiales, seguir indicaciones sanitarias y entender que la prevención no es sinónimo de catástrofe.
El reto no es alertar, sino educar y prevenir. La mejor vacuna contra la desinformación es el conocimiento calmado y la acción preventiva. Así, México podrá ser un anfitrión cálido, sí, pero sobre todo responsable y preparado.










