Estetoscopio político: el efecto mundialista
¿Fiesta nacional o montaña rusa emocional? Impacto en el ánimo y la salud de los mexicanos
Como cada cuatro años, México se paraliza por un evento que en esta ocasión, durante 39 días, teje una narrativa colectiva, capaz de elevar la autoestima de una nación o sumirla en una tristeza momentánea: el Mundial de Futbol. Más allá del deporte, este fenómeno social se convierte en un poderoso modulador del estado de ánimo y, sorprendentemente, de la salud física y mental de los mexicanos.
En México, el futbol no es solo un juego; es un vehículo de identidad. Psicólogos sociales han documentado cómo, durante el Mundial, los niveles de autoestima colectiva se disparan. El simple acto de vestir la camiseta verde genera un sentido de pertenencia que amortigua, por unas semanas, la percepción de problemas cotidianos. Y en esta ocasión no será la excepción . Si la selección gana (como creo sucederá), las calles se llenarán de cláxones, abrazos entre desconocidos y una sensación de euforia comparable a una victoria bélica. Neuroquímicamente, se libera dopamina y serotonina. Estudios de la UNAM han señalado que durante las victorias importantes, los índices de reportes de ansiedad y depresión en clínicas de salud mental disminuyen hasta en un 30 por ciento.
Sin embargo, la otra cara de la moneda es brutal. Una derrota, especialmente en penales en instancias posteriores de eliminación directa (por ejemplo, el famoso 'quinto partido'), desencadena una tristeza colectiva. Este fenómeno, conocido como depresión post-Mundial, puede durar días. El duelo simbólico por la eliminación es real: hay irritabilidad, apatía y, en casos extremos, conductas de riesgo.
Es así que la influencia mundialista no solo se queda en el ánimo; toca la puerta de los servicios de urgencias. La cardióloga mexicana María Elena Soto ha acuñado el término Síndrome del corazón Mundialista. Durante los partidos de alta tensión, especialmente en eliminatorias directas:
La frecuencia cardíaca puede aumentar al mismo nivel que durante un ejercicio extenuante.
La presión arterial se dispara debido a la liberación masiva de adrenalina y cortisol.
Los infartos aumentan en las dos horas posteriores a un partido reñido, sobre todo en hombres de mediana edad con factores de riesgo preexistentes.
Un estudio del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) detectó un incremento del 20 por ciento en los ingresos por síndromes coronarios agudos durante los Mundiales de Brasil 2014 y Rusia 2018.
El Mundial actúa como un termostato emocional. Para la mayoría, funciona como una válvula de escape positiva. La cohesión social que genera reduce la sensación de soledad. Ver el partido en una plaza pública o en un restaurante transforma el individualismo en un ritual colectivo, lo cual es terapéutico.
Pero para un sector de la población (personas con trastornos de ansiedad, hipertensos o aficionados con dependencia emocional al equipo), se convierte en un factor de estrés agudo. La sensación de perder el control sobre el resultado del partido puede desencadenar crisis de pánico. No es eventual que el '"'día después' de un partido importante registre un aumento del 40 por ciento en faltas o llegadas tardías, lo que a largo plazo incrementa el estrés laboral.
Y podríamos argumentar más fenómenos derivados de las emociones que genera este fenómeno social del futbol en una cita mundialista, como la que está por iniciar.
Aunque con lo hasta ahora referido podríamos argumentar que la influencia en el ánimo y la salud de los mexicanos en este tipo de eventos es un termómetro de la resiliencia nacional. Si bien el estrés cardiovascular y la depresión post-eliminación son riesgos reales, los beneficios psicosociales suelen ser mayores durante el torneo: se reactiva la economía emocional, se fortalecen los lazos familiares y se recuerda la capacidad de celebrar en comunidad.
Recomendaciones para un Mundial saludable. Monitoreo cardíaco: hipertensos y cardíacos deben evitar excesos de cafeína y alcohol durante el partido. Desconexión gradual: no ver resúmenes una y otra vez tras una derrota. Aceptar el duelo y distraerse con otras actividades.
El partido como evento, no como identidad: recordar que el resultado no define el valor personal ni nacional.
En México, el Mundial nos recuerda que, para bien o para mal, nuestro estado de ánimo está sujeto a una pelota rodando sobre el césped. La clave está en celebrar la pasión sin que ella celebre con nuestra salud.
Que ruede el balón; disfrutemos de esta justa mundialista y que el cúmulo de emociones, sea cual sea el resultado para nuestra Selección, reditúe en nuestro bienestar. Continuemos con ánimo en el desempeño de nuestras labores y con la mística de ver el deporte sin apasionamientos; pero que no solo se quede en verlo practicar por deportistas de alto rendimiento, sino lo más importante aplicarlo a nuestra vida diaria, recordando que "el movimiento es una medicina poderosa que fortalece el cuerpo, libera la mente y nutre el espíritu".
Acciones como la pasada estrategia Mundial Social 2026, implementada por el Gobierno de México a través de la Secretaría de Salud, ayudan a generar un futuro más saludable para todos.






