Estetoscopio político: la reacción en la salud
Una reacción medicamentosa (o reacción adversa) es una respuesta dañina y no deseada que ocurre tras tomar un fármaco a las dosis habituales. Puede incluir desde síntomas leves, como mareos o náuseas, hasta problemas como urticaria, inflamación de la cara o situaciones más graves como dificultad respiratoria o choque anafiláctico; estas últimas complicaciones pueden poner en riesgo la vida.
Pero en otra de sus acepciones, la reacción también significa una “actitud opuesta a las innovaciones”, y es en esta definición que encontramos a personas que se oponen a un cambio, ya sea porque trastoca sus intereses, va en contra de su ideología política o simplemente por una animadversión a la transformación votada y respaldada por el pueblo de México, que decidió desde el 1 de julio de 2018, poner por delante a los que menos tienen.
No podemos ignorar que el gremio de la salud, sin pretender generalizar, ha sido formado en un ambiente sumamente conservador, donde se privilegian los grados, títulos y membretes, situación que, hasta el día de hoy, provoca distorsiones y abusos en la pedagogía aplicada en el internado de pregrado y las residencias médicas. Esto no es un detalle menor; por supuesto, la mayoría de los médicos cumplen su labor con entrega y ética, pero el sistema en el que se forman y trabajan ha favorecido, en algunos casos, prácticas que se oponen al cambio y actitudes reaccionarias frente a los procesos de transformación.
Con ejemplos que van desde el médico que envía al paciente a comprar medicamentos que no se encuentran en el cuadro básico, sin ofrecer una alternativa terapéutica, hasta quienes realizan desvío u ocultamiento, robo hormiga o, simplemente la negativa a surtir la receta, éstas, son conductas que se han detectado en los servicios públicos.
No obstante, desde que el presidente Andrés Manuel López Obrador inició combate frontal contra la corrupción en el sistema de salud público, las distribuidoras, farmacéuticas y desde luego, quienes se encontraban coludidos en un negocio que representa más de 21 mil millones de dólares, comenzaron una campaña brutal para generar en la población una percepción magnificada de desbasto, caos e incapacidad.
En esta cruzada contra la estrategia gubernamental para brindar medicamentos, se han conjurado el PAN, el PRI, movimientos afines a estos partidos y, lamentablemente, personas servidoras públicas que se ha demostrado, niegan o esconden medicamentos para generar molestia (legítima) entre la población usuaria.
En este sentido, una investigación interna en el Hospital Infantil de México el Dr. Federico Gómez detectó que entre 2020 y 2024, caducaron 18.4 millones de piezas de insumos y fármacos (incluyendo oncológicos y de quimioterapia) en una bodega externa, con un valor superior a 121 millones de pesos. Siendo el caso que precisamente, el periodo de caducidad masiva coincide con los años de protestas y bloqueos de padres de familia que exigían medicamentos en la Ciudad de México.
Lamentablemente, a quienes se afecta es a las personas que necesitan el tratamiento para el padecimiento de salud que les aqueja. Esta actitud criminal debe ser repudiada y perseguida, ya que el servicio público no debe ser rehén de los objetivos de una oposición que magnifica los problemas que innegablemente existen, pero que se atienden.
En el IMSS, el nivel de surtimiento de recetas se encuentra en el orden del 97.7 por ciento; es decir, todos los días entregan poco más de dos millones de piezas de medicamentos, pero eso también significa que cada día no se entregan 46 mil medicamentos, una cifra que no es menor, pero los medios y la oposición se centran en que sea de lo único que se hable.
A lo que se aspira es a que toda persona que necesita un medicamento lo tenga sin dilación, y en ese camino seguimos avanzando. Sin dejar de reconocer que el sistema de salud exige más que voluntad política; requiere transparencia, rendición de cuentas, participación ciudadana y, sobre todo, escuchar a quienes esperan su medicina mientras el debate político se libra en los medios.
La salud es un derecho humano que debe estar por encima de cualquier reacción, ya sea alérgica o reaccionaria.










