Estetoscopio político: octubre el mes rosa
Alma Araceli Pérez fue una cardióloga que dedicó los últimos diez años de su vida a formar nuevos médicos como jefa de Educación. Una mañana de marzo del 2015 notó un bulto en su seno izquierdo; al atenderlo, resultó el diagnóstico más preocupante: cáncer de mama. Durante 4 años luchó contra la enfermedad, pero, desgraciadamente, perdió la batalla.
En México se registran 30 mil nuevos casos de cáncer de mama cada año, lo que equivale a una tasa de incidencia general de entre 40.5 casos por cada 100 mil habitantes. El cáncer de mama es el cáncer más común en las mujeres en México, representando alrededor del 15 al 25 por ciento de todos los diagnósticos de tumores malignos. Es la primera causa de muerte por tumores malignos en mujeres en el país, con más de 8 mil muertes anuales.
Uno de los principales problemas para el sistema de salud mexicano es que entre el 70 y el 85 por ciento de los casos se diagnostican en etapas avanzadas (etapas III y IV), lo cual reduce drásticamente las posibilidades de supervivencia frente a una detección oportuna en etapa I, donde la cura supera el 90 por ciento.
Las tasas de incidencia y mortalidad más altas se concentran en el norte del país, en estados como Sonora, Sinaloa, Chihuahua, Nuevo León y Coahuila, y en zonas de alta densidad poblacional como la Ciudad de México y Guadalajara.
El costo médico directo del cáncer de mama en el sistema de salud en México se estima en 4,200 millones de pesos anuales; adicionalmente, genera más de 9 mil millones de pesos al año por pérdida de productividad y mortalidad prematura.
El IMSS invierte alrededor de 3,284 millones de pesos anuales para la atención de más de 56,800 pacientes, con un costo por paciente que oscila entre 100 mil y 200 mil pesos al año.
Por año de tratamiento en hospitales privados: el gasto total asciende entre los 350 mil pesos a 600 mil pesos en promedio. Casos complejos o en etapas avanzadas pueden alcanzar desde 1.5 hasta 3.2 millones de pesos o más, llegando a 4 o 5 millones en terapias especializadas como la inmunoterapia.
El mes rosa es el mes de octubre, dedicado a nivel mundial a crear conciencia, sensibilización y prevención sobre el cáncer de mama. Sus objetivos principales son: fomentar la autoexploración mensual, las revisiones médicas periódicas y la realización de mamografías para diagnosticar la enfermedad a tiempo; informar sobre los factores de riesgo, los síntomas de alerta y la importancia de la salud mamaria; mostrar respaldo moral a quienes enfrentan esta enfermedad o la han superado, utilizando como símbolo principal un lazo o moño de color rosa.
Es por eso que debemos difundir por todos los medios posibles las medidas de prevención para que esta terrible enfermedad pueda ser detectada a tiempo y, sobre todo, atendida con oportunidad, para que casos como el de Alma dejen de ser una dolorosa estadística.
Lo anterior representa una realidad dolorosa y, al mismo tiempo, una llamada a la acción. El caso de la doctora Alma Araceli Pérez no es una excepción, sino un reflejo de lo que viven miles de mujeres en México cada año. A pesar de los avances médicos y de la información disponible, el cáncer de mama sigue siendo detectado, en su mayoría, en etapas avanzadas, lo que condena a muchas pacientes a tratamientos más agresivos, costosos y con menores probabilidades de éxito.
Al momento a pesar de que se invierten miles de millones de pesos en atención, no se ha logrado revertir la tendencia de diagnósticos tardíos. Esto habla no solo de una falta de recursos, sino también de una deuda pendiente en materia de prevención, educación y acceso oportuno a servicios de salud. La autoexploración y la mamografía son herramientas relativamente sencillas y económicas que podrían salvar miles de vidas, pero siguen sin llegar a todas las mujeres que las necesitan.
El “mes rosa” no debe quedarse en una campaña simbólica de un solo mes. Debe ser el recordatorio permanente de que la prevención es la herramienta más poderosa contra el cáncer de mama. Detrás de cada estadística hay una historia como la de Alma: una vida, una familia, una comunidad. La pregunta que queda flotando es inevitable: ¿cuántas Almas más tendrán que perderse para que la detección temprana sea una realidad para todas?






