Estetoscopio político: programas sociales para la salud
En esta ocasión nos toca analizar la relación entre los programas sociales en México y la salud de la población, a partir del gasto público y su impacto en las necesidades básicas de los hogares beneficiarios.
El gasto del Gobierno de México en programas sociales para este 2026 es de 1 billón 3 mil 326 millones de pesos, cifra que permitirá que 42.8 millones de personas reciban de manera directa recursos económicos que, a diferencia de la creencia popular en algunos sectores de la población (los detractores de la Cuarta Transformación), no se utilizan en gastos banales. Según datos publicados por la investigadora Viri Ríos y el profesor Ray Campos en su libro 'Así no es', los hogares mexicanos que se benefician con algún programa social dirigen sus ingresos a las necesidades básicas, entre ellas la salud.
El 'gasto de bolsillo' en salud sufrió un aumento de 7.9 por ciento entre 2022 y 2024, lo que representó un gasto adicional para la economía de las familias, sobre todo de aquellas que no cuentan con seguridad social y son las más vulnerables ante una eventualidad médica.
Los principales problemas de salud en nuestro país están asociados principalmente a factores, si bien genéticos, también íntimamente relacionados con nuestro estilo de vida moderno, la alimentación, el esparcimiento y los cambios de hábitos, han detonado una crisis de salud en cuanto a la obesidad, lo que repercute directamente en el índice al alza en diabetes mellitus y enfermedades cardiovasculares.
Se ha demostrado que la actividad física y una adecuada alimentación reducen drásticamente la aparición y desarrollo de estas enfermedades. Sin embargo, la precarización de los sueldos y el poder adquisitivo de los trabajadores que durante 30 años de la noche neoliberal hicieron más difícil el acceso a las familias a una canasta básica o cubrir las necesidades más inmediatas, abonaron a un aumento sin precedentes de obesidad infantil, la malnutrición y casos de diabetes en niñas y niños, así como la aparición de problemas cardiovasculares en personas menores de 35 años.
Es por eso que la salud no solo debe ser abordada desde el concepto de tener personal médico y de enfermería, sino atender desde todos los aspectos y que a las familias se les brinde la oportunidad de satisfacer todos los espectros de bienestar. El pasado 1 de junio tuve la oportunidad de atestiguar la entrega de tarjetas del programa 'Mujeres con Bienestar' en Atizapán de Zaragoza, lo que refleja el esfuerzo del gobierno de la Maestra Delfina Gómez Álvarez para brindar a las mujeres de nuestros municipios del Estado de México (EMX) que tienen entre 18 y 64 años, un apoyo económico universal para reconocer el trabajo histórico y mejorar la autonomía económica. Sin embargo, no se limita a lo económico, el programa también otorga seguro de vida, asistencia médica, psicológica, dental, legal, y opciones de conclusión de estudios, entre otros.
Estos programas que atienden de manera integral permiten que los mexicanos tengan la oportunidad de mejorar sus condiciones de vida, lo que repercute directamente en su salud, ya que al acceder a servicios de manera gratuita que comprometerían su economía, las familias lo invierten en bienestar.
Como nos explica la Dra. Erendira Júarez: “El beneficio que se percibe en primer nivel de atención en las poblaciones que acceden a mejores condiciones materiales en cuanto a alimentación, deporte y esparcimiento será la base para una sociedad más sana”.
Es por eso que los programas sociales tienen un beneficio tácito que repercute profundamente en una sociedad más sana y con bienestar.
Los programas sociales, más allá de ser una transferencia económica, constituyen una herramienta estructural para mejorar la salud pública al atender los determinantes sociales del bienestar: alimentación, actividad física, acceso a servicios médicos y autonomía económica. Programas como estos evidencian un alivio del gasto en el bolsillo de las y los ciudadanos, destinados a la salud y a fortalecer las condiciones materiales de vida, no solo mejorando la economía familiar, sino que previene enfermedades crónicas y promueve una sociedad más sana.
En conclusión, la salud no puede entenderse únicamente desde la atención clínica; requiere políticas integrales que atiendan sus raíces sociales.






