Fotografía mexicana: del cajón ambulante al cambio cultural de hoy día
TOLUCA, Edomex., 9 de diciembre de 2025.- La industria fotográfica, como tantas otras, ha atravesado transformaciones profundas en las últimas décadas. Sin embargo, en medio de esta evolución tecnológica, vale la pena mirar hacia atrás y recordar a quienes, con una caja de madera al hombro, retrataron la vida cotidiana del país: los fotógrafos ambulantes con cámara de “cajón”.
Hoy, las nuevas generaciones apenas saben de ellos. Su figura suele aparecer solo en caricaturas, series antiguas o películas de época. Pero durante buena parte del siglo 20, estos hombres fueron testigos directos de la historia social de México, capturando rostros, celebraciones y escenas urbanas en plazas, mercados y ferias.

Mucho antes de la llegada de la Polaroid, de las cámaras digitales o incluso de que una familia promedio pudiera adquirir su propio equipo fotográfico, estos fotógrafos ofrecían retratos instantáneos… versión 1920. Su cámara de cajón, un artefacto de madera montado sobre un trípode, tenía una bandeja interna donde el fotógrafo revelaba la imagen ahí mismo.
Proceso artesanal de la fotografía en México
El proceso era tan artesanal como sorprendente:
- Tomaban la fotografía
- Extraían el negativo dentro de la misma caja
- Lo sumergían en revelador
- Lo exponían a la luz para obtener el positivo
- Entregaban la fotografía en cuestión de minutos

Eran, en esencia, estudios fotográficos ambulantes. En plazas públicas, estaciones de tren o ferias regionales, estos retratistas capturaron a miles de mexicanos que buscaban inmortalizar un momento: un traje nuevo, un viaje, un romance o una visita al centro del pueblo.
Un regreso al pasado
Muchas familias aún conservan esos retratos en blanco y negro. Más que simples fotografías, son ventanas al México de otra época, al país que fuimos y a la memoria colectiva que, sin su trabajo, quizá se habría desvanecido.
Hoy, en tiempos de cámaras en cada bolsillo y ediciones digitales al instante, recordar a los fotógrafos de cajón no solo es un ejercicio de nostalgia: es un reconocimiento a quienes, con paciencia, oficio y creatividad, construyeron uno de los primeros puentes entre el pueblo y la fotografía.











