FX, el almanaque de Volver al Futuro (Parte 2)
Cuando el almanaque se rompe
En la Parte 1 hablamos de una idea que, para mí, es fundamental para entender el mercado cambiario: el tipo de cambio no solamente refleja fundamentos. También refleja expectativas, posiciones, coberturas y niveles donde miles de participantes están esperando que ocurra algo.
Ahí aparece nuestro famoso almanaque.
El problema es que en Volver al Futuro el almanaque tenía una ventaja extraordinaria: los resultados ya estaban escritos.
En FX no.
Aquí creemos saber qué va a pasar. Y esa diferencia puede costar muchísimo dinero.
Porque cuando demasiada gente piensa que conoce el siguiente movimiento del mercado, empieza a construir posiciones alrededor de la misma idea. Y entonces puede suceder algo paradójico: el mercado comienza a provocar justamente el movimiento que todos estaban esperando.
Imaginemos al dólar alrededor de $16.96.
Después de una apreciación importante del peso, prácticamente todo mundo empieza a observar $16.90.
Los analistas hablan de $16.90. Los traders hablan de $16.90. Los clientes preguntan por $16.90. Los algoritmos detectan $16.90.
Y probablemente debajo de ese nivel existe una cantidad importante de órdenes.
Un exportador puede pensar: “Si rompe $16.90, mejor vendo mis dólares antes de que llegue a $16.70”. Un fondo puede tener ahí el stop de una posición larga de dólares. Otro participante puede tener un modelo que aumenta automáticamente su posición en pesos cuando detecta una ruptura técnica.
Todos terminan haciendo prácticamente lo mismo: vender dólares.
Entonces el dólar rompe $16.90. Después toca $16.88. Luego $16.85. Y, de pronto, el movimiento empieza a acelerarse.
¿Cambió realmente la economía mexicana en esos cinco minutos?
No. ¿Cambió la tasa de Banxico?
Tampoco. Lo que cambió fue la estructura del mercado.
Se abrió una página del almanaque. Los stops no predicen el futuro. Lo aceleran.
Un stop loss es una herramienta de protección. Pero cuando miles de stops están concentrados aproximadamente en la misma zona, dejan de ser únicamente mecanismos individuales de protección.
Se convierten en combustible.
La caída genera ventas. Las ventas generan más caída. La nueva caída activa otros stops. Y esos stops generan nuevas ventas.
Ahí aparece la cascada.
Por eso existen momentos en FX donde un movimiento que llevaba días intentando desarrollarse termina ocurriendo en cuestión de minutos.
Y no necesariamente apareció nueva información.
Simplemente el mercado cruzó el nivel donde estaban concentradas las decisiones.
A eso hay que agregarle algo que normalmente recibe menos atención de la que merece: la liquidez.
Cuando vemos una pantalla de FX parece que siempre existe alguien dispuesto a comprar y alguien dispuesto a vender. Pero la profundidad del mercado cambia constantemente.
Cuando una ruptura comienza a acelerarse, quienes estaban dispuestos a comprar pueden simplemente retirar sus órdenes.
¿Por qué intentar detener un tren que viene bajando?
Entonces aparecen huecos.
El precio puede pasar de $16.90 a $16.87, después a $16.83 y luego a $16.79.
Desde afuera parece que alguien conoce una noticia que nosotros todavía no conocemos.
Muchas veces nadie sabe nada. Simplemente desaparecieron los compradores.
Y aquí entra otro protagonista: los algoritmos.
Los algoritmos no sienten miedo ni euforia. Simplemente siguen instrucciones.
Si rompe determinado nivel, vendo. Si aumenta la volatilidad, reduzco riesgo. Si detecto momentum, incremento posición.
Individualmente, esas decisiones pueden ser perfectamente racionales.
El problema aparece cuando muchos algoritmos observan las mismas señales.
Todos reaccionan prácticamente al mismo tiempo.
Y un movimiento pequeño puede convertirse en una reacción en cadena.
Otra vez el almanaque. Todos creen haber leído la misma página. Pero esto también funciona al revés.
Imaginemos que el dólar lleva meses tranquilo. Los corporativos empiezan a sentirse cómodos. Algunos reducen sus coberturas porque consideran que todavía puede bajar más. Los fondos acumulan posiciones a favor del peso.
Hasta que aparece un evento inesperado.
Puede ser político, comercial, fiscal, una decisión de la Fed o una declaración de Trump.
El dólar comienza a subir.
$17.10. Después $17.25. Luego $17.40.
Y aparece otro nivel que todo mundo observa: $17.50.
Arriba pueden existir stops, coberturas pendientes y fondos reduciendo posiciones.
Se rompe $17.50.
Empiezan las compras de dólares. El dólar sube. Se activan nuevos stops. Compran más dólares.
Y los mismos mecanismos que anteriormente fortalecían al peso empiezan ahora a trabajar en su contra.
Por eso la tranquilidad en FX puede ser engañosa.
Un mercado tranquilo no necesariamente es un mercado sin riesgo.
A veces simplemente es un mercado donde nadie ha tocado todavía el primer dominó.
Y aquí llegamos a uno de los errores que más vemos entre quienes compran o venden dólares: querer encontrar exactamente el mínimo o el máximo.
Si el dólar está en $17.00, esperamos $16.90. Si llega a $16.90, queremos $16.80. Y si llega a $16.80, empezamos a pensar en $16.50.
El problema es muy sencillo:
nadie toca una campana para avisarnos que llegamos al mínimo.
El mínimo solamente se conoce cuando ya quedó atrás. Y ahí regresamos a Marty McFly.
Todos queremos tener el almanaque. Pero no lo tenemos.
Por eso una estrategia de cobertura no debería depender de acertar exactamente dónde estará el dólar dentro de tres o seis meses.
La pregunta debería ser mucho más sencilla:
¿A qué nivel mi empresa gana dinero?
Si un importador puede asegurar un tipo de cambio que protege su margen, quizá sea mucho más inteligente hacerlo que arriesgarse buscando los últimos veinte centavos.
Cubrirse no significa renunciar a una visión del mercado.
Significa aceptar que podemos estar equivocados.
Porque puedes tener razón en tu análisis económico y aun así perder dinero. Puedes anticipar correctamente lo que hará Banxico, pero el mercado pudo haberlo descontado meses antes. Incluso puedes acertar dónde terminará el dólar dentro de seis meses y perder dinero durante el camino.
El mercado no tiene ninguna obligación de darte la razón en el momento que tú necesitas.
Y ésa es la diferencia entre analizar el mercado y administrar riesgo.
Entonces, ¿para qué sirve nuestro almanaque? Para observarlo.
No para creer ciegamente en él.
Hay que entender niveles, stops, tasas, flujos, posicionamiento y liquidez. Pero nunca debemos confundir una probabilidad con una certeza.
Porque quizá la verdadera ventaja en FX no consiste en saber exactamente qué va a pasar.
Consiste en saber qué vamos a hacer si no pasa lo que esperábamos.
En Volver al Futuro, Marty McFly tenía algo que ningún trader, economista, tesorero o director financiero tendrá jamás: los resultados.
Nosotros solamente tenemos escenarios.
Y ésa es precisamente la razón por la que existen las coberturas






