Hace falta un médico para nuestro sistema de salud
Muchas de las carencias presentes tienen una larga historia. No se gestaron ayer. No obstante, la misión de quien dirige es conseguir que lo que no funciona se vuelva eficiente, atender las carencias para abatirlas. Cada uno de los problemas que enfrenta México requiere un plan concreto para atenderse. Nada cambia por decreto y los problemas no se resuelven solamente con discursos. Se necesitan planes, procesos, tiempo y resultados.
En distintos gobiernos he escuchado las quejas de médicos y pacientes del IMSS. Doctores que manifiestan con dolor la imposibilidad de realizar algunos procedimientos por carecer de los materiales necesarios, la necesidad de pedir a los familiares que consigan desde hilo para suturar las heridas hasta fármacos para aliviar el dolor. Del lado de los pacientes me ha tocado apoyar a personas para poder contar con pañales que faciliten el cuidado de un familiar inconsciente que permaneció varios meses en el hospital.
La situación de la salud pública ha ido sufriendo un deterioro sistemático. Los testimonios describen una realidad que se ha ido agravando con el paso del tiempo. Los hospitales no parecen estar mejor que antes, según lo que se escucha.
Cada vez que nos encontramos con una dificultad tan sensible como la atención de los enfermos es preciso atenderla con eficacia y sensibilidad. Resulta extraño el intento de minimizar un problema donde se juega la salud y la vida de muchas personas.
Los agravios de los médicos no se detienen en la falta de insumos, también reclaman no contar con la plantilla humana necesaria para poder atender a los pacientes. Una deficiencia en el personal genera sobrecargas, aumenta las tensiones y disminuye la calidad en la atención de los pacientes. También han puesto sobre la mesa el escaso mantenimiento de las instalaciones. Casi han descrito una salud pública sin recursos, exhausta e incapaz de cumplir con su importante misión.
Más allá del IMSS, en los últimos años, hemos experimentado un problema con la vacunación. Un indicador crítico que ilustra este deterioro es la medicina preventiva, particularmente en la cobertura de la vacunación infantil. El inicio del declive, según expertos, comenzó en 2019 y presenta en la actualidad, a juicio de la OMS, un estado crítico conforme la Encuesta Nacional de Salud: A los 2 años de edad, apenas el 32.4% de las niñas y niños ha recibido el esquema completo de vacunación. Esto significa que casi 7 de cada 10 menores están desprotegidos o tienen dosis incompletas.
La salud comienza a convertirse en un tema político cuando debería ser un asunto de responsabilidad donde todos sumemos para encontrar soluciones. No sirve de mucho encontrar culpables —aunque haya algún punto donde esto sea necesario— se trata sobre todo de iniciar estrategias eficaces que puedan revertir la situación y lograr mejores niveles de salud para los mexicanos.
Prevenir las enfermedades es mucho menos complejo que curarlas. Tiene la ventaja de que, al tener personas sanas, se pueden centrar los recursos en la promoción de la salud y no solamente en su recuperación. Si a una persona se le evita una enfermedad se le da una mejor vida y se le brinda un futuro más promisorio.
Para poder cambiar una situación negativa hace falta reconocer el problema. Mientras sigamos pensando que todo en política es un ataque y no miremos las carencias en las que viven muchos de nuestros conciudadanos, no terminaremos de encontrar las soluciones y no contribuiremos a generar una sociedad más próspera y saludable. Al fin y al cabo, un médico es quien diagnostica con rigor técnico y trata con empatía a sus pacientes.
La política no puede seguir reduciéndose a lo que genera popularidad o atrae votos. Hace falta que la administración pública se decida con fuerza a resolver problemas y dar resultados.






