Hoy le canto a los muertos
Hace veinte años, en 2006, escribí un poema que, en una de sus partes, dice así: Hoy le canto a los muertos, a los que ya nada dicen, a los que solo bendicen quienes aún no están muertos. Hoy evoco mi canto, un canto de rebelión, un canto que muchos cantan, pero que pocos oyen. Líneas es el título del libro que contiene el texto que mi amigo Miguel Ángel Porrúa publicó en su prestigiada editorial. Hoy, dos de noviembre de 2026, le canto a los muertos, a mis amados muertos que partieron antes de ver un nuevo amanecer. Descansen en paz, hermanos míos, sin dolor ni remordimientos, sin ansias ni rencores.
Estoy aquí por la mañana, en mi espacio sagrado, colmado de recuerdos vivientes, escuchando, en medio de un absoluto silencio, la Tocata y fuga de Johann Sebastian Bach, de quien puedo decir que compuso música para el universo. Al escucharla, vibran, en medio de la catedral de mi alma, los sonidos del monumental órgano de tubos, que me inspira y me hace sentir que existe algo más grande que nosotros.
Ahora me doy cuenta de que los muertos no dejan de hablar. Lo hacen mediante el recuerdo de sus voces, sus letras y, por supuesto, por los ejemplos que pudieron grabar en la memoria de quienes los conocieron, respetaron y amaron.
Sin embargo, en este día tan emblemático, adornado por millones de flores de veinte pétalos, que poseen un poderoso simbolismo de vida y muerte, de luz, de recuerdos que indican la ruta de las almas hasta las ofrendas, estoy aquí con la mirada puesta en los cempasúchiles que hoy adornan carreteras y panteones. Vibro en medio de tantas páginas, simbolismos y recuerdos que hay en mi espacio sagrado. Ahora mismo, tengo un satori y me doy cuenta, con amor y gratitud, de que sigo viviendo sin resignación, con gratitud siempre por todo y por todos, trabajando y luchando con la fuerza de mis convicciones, impactado por un impulso a la vida, viajando sin cesar al descubrimiento y aprendizaje, un peregrinar incansable recorriendo el mundo sin perder el entusiasmo. En el entendido de que la mejor manera de honrar la vida es no rendirse, seguir aprendiendo y luchando por nuestras convicciones hasta el final del camino.
Vivo con la certeza de que el futuro de México es naranja como el sol y el cempasúchil. Vivo cargado de confianza en que el bienestar de nuestras familias depende de que seamos capaces de construir un México mejor para todos, honrando la vida cada día en comunidad y familia, con esmerado y responsable desempeño en nuestras tareas.
Termino evocando el recuerdo de algunos de nuestros muertos vivientes en la historia nacional, quienes, con su ejemplo y sabiduría, nos marcan el camino a seguir: don Mariano Otero, padre del juicio de amparo, quien escribió: En un país donde la ley impera para unos cuantos, la libertad es una mentira. El amparo no se hizo para los poderosos; se hizo para los ciudadanos. Artículos 103 y 107 de nuestra Constitución.
Ante esta revelación de uno de nuestros muertos que siguen vivos, la pregunta es: ¿cómo debemos responder los mexicanos de hoy ante lo que considero una deliberada devastación de la independencia del Poder Judicial y el grave debilitamiento del juicio de amparo, perpetrados mediante reformas impulsadas por el régimen de Morena? Con esta situación, México enfrenta el riesgo de perder dos de los principales instrumentos de defensa de los ciudadanos frente a los abusos del poder. Está claro que, cuando el poder político debilita a los jueces y limita los instrumentos de defensa de los ciudadanos, la justicia corre el peligro de dejar de ser un contrapeso para convertirse en una puerta abierta al abuso y la corrupción de los gobernantes.
Uno más de nuestros próceres dignos de recordar es don José María Morelos y Pavón, quien escribió en los Sentimientos de la Nación: Que todo el que se queje con justicia tenga un tribunal que lo escuche, lo ampare y lo defienda contra el arbitrario. ¿Te has preguntado qué tan solas están las madres buscadoras de sus hijos muertos y desaparecidos ante una sociedad cada vez más indiferente? Tristemente, el desamparo reina entre la población.
Por último, queridos lectores de esta íntima reflexión, me referiré a otro de nuestros inolvidables personajes de la historia: don Ricardo Flores Magón, quien escribió en Regeneración con el propósito de despertar conciencias, organizar ciudadanos y promover una profunda transformación de la sociedad mexicana: La libertad no se implora de rodillas, se conquista de pie.
Queridos amigos, compañeros de lucha, familia nuclear y ampliada, vale la pena tener presente que las naciones no se engrandecen solamente recordando a sus próceres; no basta tan solo quejarse por lo que ocurre. Necesitamos seguir formando, en familia y comunidades, a nuevas generaciones valientes y capaces de superar sus propios desafíos. Requerimos trabajar, luchar, exigir y no claudicar ante los poderosos, manteniendo presente la consigna de Flores Magón: La libertad no se implora de rodillas, se conquista de pie. A esta expresión agrego la necesidad imperiosa de estar alertas y dispuestos a protegerla, porque la libertad no se pierde de un día a otro; se pierde poco a poco, a fuego lento.
Termino este tributo a nuestros muertos recordando que Bach, en su majestuosa Tocata y fuga, nos invita a desafiar nuestros límites, explorar las profundidades de nuestras almas y elevar nuestros espíritus hacia la grandeza de nuestra existencia.





