Astillero y Epigmenio, padres del término periodismo sicario

Ricardo Alemán

 Con toda razón, muchos sectores sociales alzaron una voz de condena por el calificativo de sicarios y periodistas sicarios, que la señora Irma Eréndira Sandoval y su esposo, John Ackerman, le impostaron al trabajo crítico del periodista Carlos Loret.

Como saben, Loret difundió una investigación que revela una fortuna de poco más de 60 millones de pesos –en propiedades inmobiliarias–, que acumuló en unos cuantos años la pareja preferida de Palacio.

Está claro que la revelación no solo indignó a los Sandoval-Ackerman, sino que el escándalo fue mayor cuando quedó probado que esa fortuna habría sido producto de los humildes sueldos de profesores universitarios.

Lo simpático es que las transas anteriores se sumaron a otro escándalo no menos mediático, cuando se destapó el grosero conflicto de nepotisimo en el que también incurrieron los esposos Sandoval-Ackerman.

Es decir que, en el fondo, asistimos al feo espectáculo de políticos de temporal –y del Partido Morena–, que solo llegaron a saquear y depredar el dinero público. 

Y es que resulta que la pareja preferida de Palacio también metió a la nómina del gobierno de López Obrador –en distintos cargos y diversos órdenes de gobierno–, a todos los parientes; muchos incluso con salarios mayores al salario del propio presidente. 

Pero el espectáculo escaló a niveles de tendencia cuando –en redes y digitales–, el pasado 26 de junio, en un hilo en su cuenta de Twitter, el señor Ackerman comparó “a los sicarios del crimen organizado” que atentaron contra el jefe de la policìa de la capital del país, con “los sicarios mediáticos”.

La grotesca descalificación a los críticos del gobierno de AMLO fue tal que, incluso, distintas voces universitarias exigieron a la autoridad de la UNAM despedir al investigador Ackerman, en tanto que la propia Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) –inexistente hasta ahora–. rechazó las expresiones ofensivas contra los periodistas y le pidió al señor Ackerman conducirse “con civilidad y respeto”.

Pero el espectáculo no terminó ahí.

En la mañanera del 29 de junio, paleros presidenciales colocaron el tema a modo para la difamación y la calumnia contra los críticos del presidente.

El insulto presidencial fue dirigido a Ciro Gómez Leyva y Joaquín López-Dóriga, difamados ante la complacencia y la complicidad de Palacio.

Al final, con ese gesto muy suyo de perdonavidas y fajador de barrio,  Obrador dijo: “Lo que recomiendo es que haya respeto… pero que haya mucha polémica, como la hay en los medios… les estoy hablando de que a mi me insultan… y yo no me quejo… estan muy molestos los conservadores… además de la hipocresía de ser muy corruptos son fanáticos… y otra caracteristica del conservadurismo… es que son muy dado a tirar la piedra y esconder la mano… les gusta hacer y no les gustan que les hagan… y cada que les surge algo… pegan el grito en el cielo”.

En pocas palabras, el pasado lunes se confirmó que el odio a los periodidstas críticos y el calificativo de sicarios es autoría del presidente López Obrador, quien no solo avala que sus amigos, los narcotraficantes y sus matarifes, sean comparados con los periodistas que critican la peor gestión presidencial de la historia mexicana.

Por eso obliga la pregunta.

¿De verdad, los periodistas críticos a su gobierno, presidente Obrador, somos iguales a los sicarios del crimen?

Lo cierto es que no es novedad que AMLO utilice la expresión sicario y sicario mediático para referirse a los periodistas críticos a su gobierno.

Como algunos recuerdan, la tarde del 5 de mayo de 2018 fue lanzada una persecusión y el más feroz linchamiento –en mi contra–, contra periodista mexicano alguno, en la historia.

El responsable de la orquesta de censura fue el articulista motejado como Julio Astillero, quien días antes había pregonado en redes su desempleo y la urgencia de trabajo.

Curiosamente, y luego del linchamiento en mi contra, empezó a comer con manteca.

Lo cierto es que el fascista Astillero, como lo documentamos en muchas ocasiones, se metió a un debate en Twiteer entre Ricardo Alemán y una jauría de bots que reclamaban la crítica a AMLO.

En el debate apareció un meme alusivo al deseo de algunos por atacar a Obrador y cuando respondimos a los participantes del debate con un hirónico “les hablan”, el facista Astillero uso el tuit para montar una demencial persecución, a sueldo, en mi contra.

Es decir, de manera infamante y calumniosa Astillero hizo aparecer dos palabras –“les hablan”–, como sinónimo de una amenaza a AMLO.

Horas después bautizó a Ricardo Alemán como sicario y luego del pago de millones de pesos convirtió en tendencia mundial una campaña de difamación y calumnia.

Y si lo dudan, el 14 de mayo de 2018 así lo escribio Rogelio Hernández, amigo entrañable de Astillero.

“Para quien no lo sepa, el 5 de mayo Ricardo (Alemán) encontró en línea una especie de meme que decía: “A John Lennon lo mató un fan. A Versace lo mató un fan. A Selena la mató una fan. A ver a qué hora, chairos”. El añadió “Les hablan!!!” Y lo retuiteó para que lo vieran esos muchos adversarios que ha construido afanosamente, incluidos los que moteja como chairos (apoyadores de Andrés Manuel López Obrador) a sabiendas que destilan odio al menor estímulo.

“El retuit topó con Julio Hernández López quien lo vio como incitación a matar al caudillo, lo calificó de #NoAlPeriodismoSicario, y lo reenvío a sus seguidores…”

Horas después, el 6 de mayo de ese 2018, Epigmenio Ibarra también calificó a Ricardo Alemán como sicario mediático en su cuenta de Twiteer.

Desde entonces, el gobieno de López y sus golpeadores utiliza esa descalificación, avalada por el propio presidente, para descalificar a sus críticos.

Así o más claro.

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