¡Justicia y trato digno para los agricultores de Zacatecas!
El campo es el surco sagrado donde se cultiva la vida y el hogar de hombres y mujeres que, con manos curtidas por el sol, labran el destino alimentario de México. En Zacatecas, el principal estado productor de frijol, hoy no se respira la paz de la cosecha, sino el humo amargo de la injusticia y el estruendo de la represión. Se observa con indignación cómo el agricultor, aquel que genera nuestros alimentos, es tratado como enemigo por un gobierno que prefiere la evasión de su responsabilidad en lugar de dar solución a las demandas sociales.
La crisis que lacera a los agricultores zacatecanos es el resultado de una acumulación de agravios, promesas incumplidas y una gestión pública que parece haber perdido el sentido de la realidad humana. El programa “Acopio para el Bienestar”, presentado como la panacea para la autosuficiencia alimentaria, se ha transformado para el pequeño productor en un laberinto de incertidumbre y desesperanza. Mientras los funcionarios se regocijan en cifras millonarias, la realidad en el terreno grita otra verdad: centros de acopio cerrados o inaccesibles, insumos prometidos que llegan a cuentagotas y un precio de garantía convertido en quimera frente a la voracidad de los “coyotes”, que compran el grano a precios ruinosos (apenas 5 u 8 pesos el kilo) aprovechando la urgencia de quienes tienen deudas y familias que sostener.
Es inadmisible que, ante una sequía que siniestró más de 200 mil hectáreas, la respuesta del gobierno morenista de Zacatecas sea la indiferencia y el desgaste. Los campesinos han tenido que pasar días y noches en vigilia y bloquear carreteras no por gusto, sino por la desesperación de ver sus hogares en la quiebra. No piden limosnas; exigen el cumplimiento de acuerdos firmados, transparencia para eliminar a los intermediarios que se enriquecen con el sudor ajeno y seguridad frente al crimen organizado que los extorsiona. El campo zacatecano está en pie de lucha porque el hambre no sabe de esperas ni de retórica política.
La represión ocurrida el 9 de mayo en Zacatecas quedará registrada como una página de ignominia en la historia política. ¿Cómo es posible que se criminalice la protesta social con tal ferocidad? La respuesta oficial de “garantizar la libre circulación” es una máscara que intenta ocultar la incapacidad de gobernar mediante el consenso. El uso de la fuerza pública contra quienes solo piden que se les pague lo justo por su cosecha es la prueba fehaciente de un gobierno que ha perdido la brújula moral. La soberbia ha sustituido a la gobernanza.
Sin embargo, frente a la oscuridad de la represión, ha surgido una luz de esperanza que recuerda la fuerza de la sociedad civil organizada. Lo que el gobierno estatal calculó como una medida para disolver un conflicto, terminó por unir a Zacatecas en una sola voz, testimonio de que el campesino no está solo. La Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), sus académicos y estudiantes se volcaron a las calles para cobijar a los agricultores. Se vio a sindicatos magisteriales, colectivos feministas y organizaciones sociales marchar hombro con hombro, entendiendo que el golpe al productor de frijol es un golpe a la estabilidad de todo el estado.
Esta unión de propósitos demuestra que la Conciencia Activa de los ciudadanos es más poderosa que cualquier aparato represor. Cuando maestros, mineros, mujeres y jóvenes universitarios asumen como propia la demanda del campo, el conflicto deja de ser un asunto de precios para convertirse en una lucha por las libertades democráticas. La sociedad zacatecana ha dejado atrás la indiferencia y ha decidido ser parte de la solución. Esta solidaridad total es el escudo más fuerte contra el abuso de poder y la señal clara de que la sociedad exige una nueva forma de hacer política, una que ponga al ser humano y su trabajo en el centro de las decisiones públicas.
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