La derrota de las izquierdas en Colombia; urge una necesaria reflexión
Columna: Tan cerca; tan lejos
Las izquierdas en Colombia pierden el gobierno y los avances logrados en reducción de la pobreza, universalización y reconocimiento de derechos de minorías, así como derechos laborales y sociales alcanzados en el breve gobierno de Gustavo Petro, corren el riesgo de ser desmantelados por el nuevo gobierno conservador ultraderechista.
Las razones de la derrota tienen que ver con la corrupción, el tráfico de influencias, el nepotismo, la soberbia, el enriquecimiento personal y la inexperiencia gubernamental.
A ello se suma la falta de un diálogo político incluyente para acordar las reformas y convertirlas en políticas de Estado de largo plazo. La imposición de mayorías parlamentarias llevó al gobierno a excluir y confrontar en lugar de convencer.
También influyó la ausencia de una reforma fiscal progresiva, la reforma del Estado, la democratización de organizaciones gremiales y partidos, la falta de transparencia gubernamental y la apertura insuficiente en el ámbito militar, exguerrillero y paramilitar.
No hubo equilibrio entre las políticas sociales de derechos y las reformas políticas del Estado, privilegiándose el asistencialismo.
Otro factor fue el enfrentamiento sistemático con los medios de comunicación tradicionales y los grupos de poder económico, que en lugar de ser atendidos e incluidos fueron confrontados y estigmatizados. Colombia es un país liberal democrático en lo político y conservador en lo social.
Las izquierdas mostraron desconfianza interna, con visiones distintas que derivaron en sectarismo y descalificación dentro del Pacto Histórico. El candidato Iván Cepeda no era el candidato de Petro, y la vicepresidencia se percibió como una cuota más que como representación política. La incidencia de Petro en la campaña restó confianza, al anunciar fraude antes, durante y después de las elecciones.
Las izquierdas en Colombia perdieron porque no entendieron la diferencia entre gobernar y ser oposición. Sus propias acciones dieron fuerza a la ultraderecha, que ya existía desde la primera vuelta de Petro hace cuatro años y terminó consolidándose.
Reprodujeron los mismos errores de las izquierdas latinoamericanas, salvo el caso de Uruguay, donde el Frente Amplio entendió que gobernar implica dialogar, negociar, incluir y acordar.
Lo sucedido debe llevar a las izquierdas a reflexionar, disculparse públicamente, reconstruir una propuesta democrática y progresista, y recuperar la confianza del electorado, sindicatos y movimientos sociales. No pueden seguir apoyando liderazgos mesiánicos y autoritarios que se colocan por encima del proyecto partidario o nacional.
La reflexión debe ser pronta, deslindándose de la izquierda que no se asuma democráticamente, o convenciéndola de sumar desde la inclusión, el diálogo y el acuerdo. De lo contrario, serán responsables de su propia extinción, como ya ocurrió con las derechas tradicionales que gobernaron mal y abrieron paso a las izquierdas, las cuales también gobernaron mal.
NOTA DE PROTESTA
Nos faltan 43 estudiantes. 130 mil desaparecidos. En México se asesinan periodistas.
Libertad de todos los perseguidos y presos políticos en Nicaragua, Venezuela, El Salvador y Cuba.
Solidaridad y apoyo a la población venezolana tras los terremotos sucedidos. No están solos.
José Irán Moreno Santos
Presidente
Fundación de Estudios Políticos Económicos y Sociales Progresista [email protected]










