La 'Grandeza' que nos une
La reaparición pública del expresidente Andrés Manuel López Obrador, durante la presentación de su nuevo libro 'Grandeza', volvió a colocar en el centro de la discusión nacional un tema que suele quedar opacado por la coyuntura política: la inmensidad cultural de México. En tiempos donde la prisa cotidiana nos distrae de lo esencial, su mensaje vino a recordarnos que este país está sostenido por una herencia milenaria que no solo nos define, sino que debe guiarnos hacia el futuro.
En su intervención, el presidente insistió en que la grandeza de México no se explica únicamente por su historia política o por sus episodios de transformación, sino por la fuerza espiritual, creativa y comunitaria que ha caracterizado a nuestros pueblos. Esa visión no es nueva en la Cuarta Transformación, pero adquiere un peso especial en un contexto en el que la cultura nacional se ha convertido en un terreno en disputa, a veces relegado a un mero accesorio y no como el cimiento de un proyecto de nación.
La presentación de 'Grandeza' es, por ello, mucho más que un ejercicio editorial: es una reafirmación de principios. López Obrador enfatiza que la cultura mexicana es una fuente inagotable de identidad y resistencia, un patrimonio vivo que sigue articulando a millones de personas, desde las comunidades indígenas hasta las grandes metrópolis. Y tiene razón. No hay manera de comprender la vitalidad de este país sin reconocer la potencia de nuestras 68 lenguas originarias y sus más de 360 variantes, la profundidad de nuestras cosmovisiones y la creatividad popular que ha desbordado fronteras.
En esta etapa que vivimos, donde la 4T avanza en la construcción de un Estado más justo y cercano a la gente, retomar este sentido de grandeza cultural es fundamental. No se trata solo de enorgullecernos de lo que somos, sino de entender que la cultura es también una herramienta para transformar realidades. Los programas sociales, el fortalecimiento de las comunidades, la reivindicación de los sectores históricamente excluidos: todo esto está profundamente vinculado con reconocer la dignidad cultural de cada persona.
El mensaje del expresidente nos invita a reflexionar sobre el país que queremos seguir construyendo. Un país donde la cultura no sea ornamental, sino esencial. Donde la mexicanidad sea entendida no como una etiqueta folclórica, sino como una experiencia colectiva, diversa y en constante renovación. Y, sobre todo, donde la grandeza no se mida por la acumulación de riqueza, sino por la capacidad de un pueblo para mantenerse solidario, creativo y orgulloso de sus raíces.
Como legisladora y mexicana, coincido en que tenemos una responsabilidad compartida, “honrar esa grandeza cultural con políticas que la protejan, la difundan y la conviertan en motor de desarrollo y bienestar”. La 4T ha puesto este compromiso en el centro, y la reaparición del expresidente nos recuerda que este proyecto no se agota en la administración pública, sino que sigue orientándose por una visión profunda del país.










